TOLERANCIA Y REDES SOCIALES
Afirmaba Skinner, representante de la corriente pedagógico-psicológica del conductismo (v. “Walden dos”, 1948), que el cerebro humano era una especie de caja negra por la que transitaban los estímulos, sin ser condicionados por las experiencias personales, lo que consecuentemente, derivaba en un determinismo conductual, esto es, a igual estímulo, igual respuesta.
Disiento radicalmente de esta corriente, que masifica, convierte nuestras experiencias personales, historia individual y social, etc, en meras anécdotas, que no influyen de manera decisiva en la conducta de un individuo que ha dejado de serlo, para confundirse con una amorfa estructura igualada de seres sin atributos distintivos.
Quiero reforzar este postulado,con una experiencia personal en mi posicionamiento respecto a las redes sociales.
Yo, detractora de chats, uso inadecuado de las modernas tecnologías (móvil, smartphone, whatsapp, ordenador, etc), en tanto herramientas que pueden convertirse en armas de manipulación y dependencia psicológica de los humanos; que hace menos de un año entré en la comunidad de google+ por casualidad, desconociendo que se trataba de una red social, simplemente siguiendo las pautas que me indicaba el blog que creé( hace menos de tres años); que me he negado sistemáticamente a pertenecer a redes como Facebook, Twitter…, a pesar de las múltiples invitaciones recibidas,...
Yo, consciente del anonimato en el que se refugian (o nos refugiamos los contactos y círculos de estas redes), consciente de la falsedad y manipulación que ello puede entrañar, he extraído una experiencia altamente positiva del anonimato.
Si bien en el momento de crear mi blog me negué a dejar participar en él a cualquier desconocido, sin referencias, sin localización posible, etc, lo cual sigo practicando, a causa de desagradables experiencias, que convertían un foro de opinión en un foro de desacreditación de posturas y pensamientos, mi breve pertenencia a google + me ha hecho reflexionar sobre un “ejercicio de tolerancia”, que, inconscientemente, he llevado a la práctica.
Basándome únicamente en contenidos recomendados por personas conocidas, que introduje en mis círculos (aún no sé qué demonio de implicaciones tendrá eso, y no lo sabré hasta que una experiencia negativa me haga indagar sobre algo que, en principio, no me interesa demasiado), fui añadiendo, como sin querer, a otra serie de personas fantasma, desconocidas, cuyas aportaciones y pensamientos me parecían bonitos e interesantes.
No me cabe la menor duda de que habré colado a personas “non gratas” para mí, cuyas palabras o fotografías, sin embargo, he sabido valorar positivamente.
He jugado a la gallina ciega, y me he encontrado con una serie de contenidos anónimos, enriquecedores para mí, que he sido capaz de aceptar y asumir sin trabas.



