domingo, 12 de enero de 2014

TOLERANCIA Y REDES SOCIALES


TOLERANCIA Y REDES SOCIALES


Afirmaba Skinner, representante de la corriente pedagógico-psicológica del conductismo (v. “Walden dos”, 1948), que el cerebro humano era una especie de caja negra por la que transitaban los estímulos, sin ser condicionados por las experiencias personales, lo que consecuentemente, derivaba en un determinismo conductual, esto es, a igual estímulo, igual respuesta.  
  Disiento radicalmente de esta corriente, que masifica, convierte nuestras experiencias personales, historia individual y social, etc, en meras anécdotas, que no influyen de manera decisiva en la conducta de un individuo que ha dejado de serlo, para confundirse con una amorfa  estructura igualada de seres sin atributos distintivos.


  Quiero reforzar este postulado,con una experiencia personal en mi posicionamiento respecto a las redes sociales.
  Yo, detractora de chats, uso inadecuado de las modernas tecnologías (móvil, smartphone, whatsapp, ordenador, etc), en tanto herramientas que pueden convertirse en armas de manipulación y dependencia psicológica de los humanos; que hace menos de un año entré en la comunidad de google+ por casualidad,  desconociendo que se trataba de una red social, simplemente siguiendo las pautas que me indicaba el blog que creé( hace menos de tres años); que me he negado sistemáticamente a pertenecer a redes como Facebook, Twitter…, a pesar de las múltiples invitaciones recibidas,...
Yo, consciente del anonimato en el que se refugian (o nos refugiamos los contactos y círculos de estas redes), consciente de la falsedad y manipulación que ello puede entrañar, he extraído una experiencia altamente positiva del anonimato.
  Si bien en el momento de crear mi blog me negué a dejar participar en él a cualquier desconocido, sin referencias, sin localización posible, etc, lo cual sigo practicando, a causa de desagradables experiencias, que convertían un foro de opinión en un foro de desacreditación de posturas y pensamientos, mi breve pertenencia a google + me ha hecho reflexionar sobre un “ejercicio de tolerancia”, que, inconscientemente, he llevado a la práctica.
Basándome únicamente en contenidos recomendados por personas conocidas, que introduje en mis círculos (aún no sé qué demonio de implicaciones tendrá eso, y no lo sabré hasta que una experiencia negativa me haga indagar sobre algo que, en principio, no me interesa demasiado), fui añadiendo, como sin querer, a otra serie de personas fantasma, desconocidas, cuyas aportaciones y pensamientos me parecían bonitos e interesantes.
No me cabe la menor duda de que habré colado a personas “non gratas” para mí, cuyas palabras o fotografías, sin embargo, he sabido valorar positivamente.
He jugado a la gallina ciega, y me he encontrado con una serie de contenidos anónimos, enriquecedores para mí, que he sido capaz de aceptar y asumir sin trabas.

  Un acercamiento simple a esta conducta mía, me ha hecho reflexionar sobre los prejuicios  en los que basamos nuestras relaciones con los demás.
Cualquier persona, cualquier cosa, tiene algo que aportar en nuestras vidas, pero nuestro rechazo hacia ellas, por experiencias previas, por influencia de  la reputación o la desacreditación personal o ajena, hace que nos distanciemos, que implantemos en nuestra mente una serie de prejuicios, impermeables a todo razonamiento o actitud proveniente de tales seres. Y es este el primer principio de intolerancia, que todos ejercemos desde nuestra subjetividad, desde nuestro filtro con el que juzgamos al otro.


Así pues, la aceptación del anonimato, ha constituido para mí un ejercicio de tolerancia, de imparcialidad por desconocimiento.
  Todos los profesionales de la enseñanza saben de lo que estoy hablando, y es esa la razón por la que en los exámenes oficiales, se evite la identificación personal, como medio para preservar la imparcialidad, pues los prejuicios personales, pueden llevar, desde el mero desprecio, hasta incluso la mayor animadversión y fanatismo.
¿No es cierto que suelen obtener mejores calificaciones los alumnos que asisten  a clase que los libres?, ¿no es cierto que el docente, pese a sus pretensiones imparciales, se acerca con mayor benevolencia al ejercicio de un alumno con rostro y voz, que al de otro que desconoce o le resulta especialmente antipático?.
Librarnos de nuestra subjetividad, de nuestras coordenadas básicas de conocimiento del mundo, sería poco menos que hacernos inhumanos, sencillamente porque es imposible separar nuestros sentimientos y emociones de una supuesta “razón objetiva”, a la hora de realizar un juicio cualquiera. Es un todo inseparable, que hemos de asumir y procurar gestionar, en la medida de lo posible. Somos humanos, “demasiado humanos”, como afirmaba Nietzsche.
  He ahí que mis relaciones con inmigrantes, en España y fuera de España, hayan contribuido a corroborar este pensamiento de discriminación irracional a la que estamos sometidos todos, en mayor o menor medida.
  ¿A cuántos amigos y conocidos sudaneses, etíopes, marroquíes,.. les ha sido vedado el alquiler o compra de una vivienda, tras haberles sido apalabrada la misma por vía telemática, por razones de raza o color?. Este rechazo ha desencadenado en ellos un justificado rencor, que a su vez se ha convertido en intolerancia hacia los intolerantes.
¿Remedios?
Quizás si la ley aplicara con severidad la máxima contenida en cualquier manual de derecho natural, según la cual “todos los seres son iguales ante la ley”, se evitarían las falsas imprecaciones contra la desigualdad en manifestaciones y asociaciones pro-derechos humanos, cuya única finalidad es salvaguardar los propios.
La libertad, anhelada por todos los seres humanos, sin excepción, sólo vendrá dada en la medida en que seamos capaces de reconocer sus límites, su condicionamiento a la libertad del otro.
Sin el principio kantiano de la Razón Práctica que conmina a dar al otro lo que uno desearía para sí mismo, jamás podremos vivir en convivencia pacífica, basada no ya en ideas o ideologías, respetables, siempre y cuando no supongan una traba para nuestro merecido libre albedrío, sino en rasgos o atributos , pilares de lo vivo, o de lo humano. En éste último caso, hablaremos de +racional, +capacidad de abstracción, +capacidad lingüística, + creatividad, + memoria histórica ( es decir,aprendizaje en base a nuestros propios errores del pasado)... Quedan excluidas, pues, apariencias, impresiones sensoriales, ideas preconcebidas, etc, que formarían parte de la “doxa”.
  Concluyendo, lo que vengo a poner de manifiesto, es la posibilidad de aprender de todo y de todos, de lo positivo y de lo negativo, de lo que nos daña y de lo que nos halaga.
La asunción del anonimato en google+, me ha hecho subir un pequeño escalón en el camino de la libertad.
  Soy humana, no quiero a todos, no me gustan todos, hay ideologías que me parecen abominables, pero puedo ser capaz de rechazar éstas, sin rechazar de plano al ser humano que las defiende.
Os sorprendería saber cuántos ciudadanos, como nosotros, participaron activamente en la extinción de los “impuros de raza”, alentados por la masa, por la pobreza, por falsas promesas, por ignorancia.
¿Culpables?. Puede ser, pero tan sólo de ignorancia.

Checha, 12 de enero de 2014