domingo, 6 de mayo de 2012

PIROPOS: TENER ÁNGEL


PIROPOS:  TENER ANGEL
  ¿A quién no se le han subido los colores de vergüenza al pasar, de jovencilla, por una obra en construcción y escuchar un grito de “guapa” o “joder qué tía” o “vaya un bombón”?. ¡Benditos albañiles, que saben alabar, que suben la moral, sin pretensiones de falsa adulación  u ocultas recompensas. Se animan y siguen trabajando. Sus pequeños relajos los hacen felices, y, en el fondo, a pesar del sonrojo que producen, también encienden la autoestima de las receptoras.
     Mucho me temo que los piropos, como tantos otros aspectos de nuestro acervo cultural español, caerán en el saco del olvido globalizante, llegarán a ser descontados del salario e interpretados como ausencias injustificadas e injustificables.
    Ya a mi edad, pasados los dieciocho y con ellos los tacones (ya tan lejanos), han dejado de temblarme las piernas al pasar por una estrecha acera flanquedada a derecha e izquierda por dos filas  de hombres muy machitos, ha dejado de importarme la sensación de que cada uno de ellos íba despojándote mentalmente de la ropa que más le convenía. Liberada de los incómodos tacones, he aprendido a caminar con la cabeza firme, dejado atrás el sentimiento de poder tropezar o de que se doble un tacón en cualquier momento. He perdido la sensación de incomodidad, pero con ella también el orgullo de sentirme atractiva, de desear gritar a pleno pulmón: ¡soy bonica, soy bonica!.
   ¡Qué alivio andar pisando tierra, estar siempre preparada para andar, correr, saltar....!. Mis andares han ganado dignidad, seguridad, pero no me gusta mentir, ¡también añoro, en ocasiones, aquellos momentos desconcertantes!, ¡aún se hincha mi pecho cuando algún desesperado me sorprende con alguna palabra bonita, graciosa, incluso grosera!.
   Y es que halagar, piropear, ensalzar , es gratis para el dador, pero sumamente valioso para el receptor.
Sin embargo, cada vez damos menos, hasta los piropos los almacenados en el silo destinado a la salida de la crisis (¡quién sabe si para entonces habrán enmohecido!).
    Las palabras, los piropos son infinitos, como infinita es la imaginación humana. No obstante he de confesaros que hay un piropo, para mí el más bonito jamás escuchado,con  el que he tenido la suerte de ser halagada en repetidas ocasiones, antes y después de los tacones. Ese piropo me ha enamorado, lo he valorado más que cualquier otro, porque tiene la virtud de permanecer, de no envejecer, aunque  el rostro al que se dirija haya perdido la maravillosa e ingenua capacidad del rubor.
¡MIRA QUE TIENES ÁNGEL!
   He buscado en muchas fuentes el origen de esta expresión, y lo cierto es que no he llegado a ninguna conclusión definitiva ni documentada, por lo que me he visto obligada a atribuirle mi propia interpretación.
Todos sabemos el significado que tiene decirle a alguien “eres un ángel”. Le atribuímos bondad, buenos sentimientos, empatía, comprensión, y en definitiva, todas las cualidades con las que uno desearía estar siempre acompañado.
  Pero “tener angel “ es algo diferente. Es un término que alude simultáneamente al aspecto físico y al espiritual, que no habla de bellezas objetivas (en caso de que las hubiera), ni a algo que todos pueden ver, como un sombrero. No. Es, antes bien, expresión de una cualidad máxima que uno vé dentro y fuera, y que podría ser invisible al resto de personas.
   En mis infructuosas búsquedas tropecé con un término que podría relacionarse con éste, pero como antónimo. Se trata de la expresión “malaje”, atribuída al pueblo andaluz, y que traducido al castellano corriente sería algo así como “mala sombra”, “mala follá”, “mala leche”....
   Lo curioso de esta expresión es que procede de una tierra que busca la sombra, la buena sombra. Un territorio donde el sol, tan bonito, necesario, vital y alegre, puede convertirse en verdadero infierno en época estival. En momentos así, lo que busca un sureño es un buen sombraje donde refugiarse y poder respirar, donde aplacar su asfixia. Tropezarse con un “malaje”, sería pues, hundirse en el sopor, encontrar una sombra incómoda, estrecha, despiadada, maloliente....¡mejor sudar al sol!-
    Y si extrapolamos esto  a nuestro piropo “tener ángel”, intuímos que hace referencia al aura que envuelve a una persona, al sentimiento de bienestar que nos produce, y ¿por qué no?, al abanico de sus alas angelicales extendidas sobre nosotros para protegernos de los rigores del calor.
   ¿Será esta la razón por la que algunos vayamos buscando contínuamente ángeles que nos guarden?

Checha. 6 de mayo de 2012