martes, 22 de mayo de 2012

CÓMO ARREGLAR DESTEÑIDOS


¿SABEIS CÓMO SALVAR UNA PRENDA DESTEÑIDA (CONTAMINADA POR EL COLOR DE OTRA)?
Es muy fácil. No teneis más que seguir los consejos que todo el mundo os dá. Uno detrás de otro, o todos a la vez, como prefirais.
Se empieza por lo más sencillo, que es poner la prenda a remojo con un poco de detergente y un cacito de quitamanchas (de esos mágicos que salen en la tele, que acaban con las manchas más difíciles, e incluso con el color de la prenda entera, si me apuras).
    Al cabo de un día, uno se asoma tímidamente al cubo, esperando el ansiado milagro, que por supuesto no ha sucedido, ¡la chaqueta verde sigue teniendo color rojo!. Pues bien, no hay que desesperar. Se mira en internet , se pregunta a las amigas, se pregunta al droguero sabelotodo.
  Lo mejor es optar por las soluciones menos agresivas, las ecológicas.  Así que uno pone al fuego una gran olla de agua repleta de hojas de laurel (que yo creía que sólo espantaba cucarachas), sumerge la prenda dentro y a esperar otro día.
   Llegas a la galería muy ilusionada, sacas primero la manga y compruebas que sigue estando verde, ¡buena señal!. Se sigue extrayendo con cuidado la prenda hasta llegar al cuello. ¡Gran decepción, el rojo sigue estando ahí, si cabe más intenso!.  Como buena “sin penas” (otro día  os contaré algo de este precioso apodo, que parece ser llevo en la sangre) no desesperas. Vivimos en la tierra del limón, que cura boqueras y manchas cutáneas, ¿por qué no también prendas de buen algodón?. Allá van dos limones partidos y escurridos (también usados para quitar las manchas negras de los calcetines, que nos salen a todos, ¡no nos engañemos!).  Otro día de espera, ya un poco desesperada de ver el gran cubo que está ocupando una buena parte de la ínfima galería.  Sacas la manga primero, para no asustarte, sigues por el cuerpo, y cuando llegas al cuello comienzas a pensar que el rojo y el verde son en parte complementarios, que los bellos paisajes de arbolado contrastan, en perfecta armonía, con la tierra ferrosa rojiza, que  disfrutas enormemente contemplándolos,  que hay que ser un poco innovador, como aquella princesa a la que se le quemaron los bordes del abrigo de visón e implantó la moda en Inglaterra, que...
   En esto se te ocurre que ya sólo faltan unos pocos ingredientes para hacer una buena sopa con la chaqueta, a saber, unos granitos de pimienta negra, un poco de sal y por supuesto, el chorro de vino blanco, que, segun la leyenda elimina las manchas del vino tinto....
   Ya a punto de hacer la sopa, miras la hora, te das cuenta de que tienes que optar por una de las dos sopas y que tus hijos te van a poner pegas, van a hacer bola con los trocitos de chaqueta.
   Así que decides lo más sensato. Enjuagas la prenda, la escurres bien, para no mojar al vecino y, ¡a la cuerda!.
Esas notas rojizas combinan perfectamente con el sombrero rojo que te pusiste al cumplir los cuarenta.
¡Se acabaron las penas!. A todo esto, lo único que necesitamos cuando se nos destiñe una prenda, ¡es un buen sombrero rojo!.

Nota aclaratoria: siempre estoy abierta a nuevas ideas y soluciones. Quizás alguien conozca una receta más sabrosa, no sé, ¡unos buenos canelones enrollados en algodón!,¡ o salmón envuelto  en chaqueta descolorida!
 
    Acabo de comprobar que la cita del día de hoy está en consonancia con “la seriedad “ de esta entrada, y no quiero privaros de ella:
"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas."
SÉNECA, Lucio Anneo
Filósofo latino.


Checha, 22 de mayo de 2012