jueves, 21 de noviembre de 2013

SANTOS

SI ME NOMBRAS DESAPAREZCO






Esta curiosa adivinanza, planteada por aquel fanático médico oficial de las SS al vital, tierno, romantico e inteligente judío, que supo sobrevivir, y ante todo proteger la inocencia de su pequeño hijo en aquel terrible campo de concentración nazi. es, a fin de cuentas, la célula madre, el fundamento de la inolvidable película “La vida es bella”.
  Todos sabréis ya la respuesta: EL SILENCIO
Silencio de represión, ira, injusticia, miedo (El miedo, E. Galeano en You Tube, ¡sin desperdicio!), silencio de verdad, de mentira. Silencio ante  la gran farsa, silencio de los muertos, silencio de los vivos, silencio de los que parecen vivos.
   Y es que la palabra, denominador, identificador por excelencia, dador de existencia a lo que es pero carecía de ella, es constituyente de realidades, de existencias.


  No he investigado, ni viene al caso, la procedencia de la tradición cristiana de celebrar el nombre de las personas, lo que denominamos, el santo de x.
No obstante, entiendo que tendría sus comienzos en la conmemoración de todos aquellos considerados santos , mártires, por la tradición cristiana. Esto se trasladaría con el tiempo al resto de nacidos, de igual nombre, y convertidos de esta forma en ser-ahí, es decir, en existentes.
Esta tradición, absurda en innumerables casos, como la obligación ancestral de anteponer el nombre de María a cualquier otro elegido, o la prohibición de denominar Judas a cualquier criatura, debido a sus connotaciones peyorativas, (¡perdónenme los beatos, pero me parecería más lógico anteponer Judas y no María a cualquier nombre elegido!), jamás tuvo en cuenta la realidad cambiante de los seres, su existencia como  evolución continua y perpetua.




  Mi ser como Cecilia, será hasta el momento de mi muerte, lo que dará continuidad y consistencia a esta humana que escribe, pero mi ser en el mundo, mi existencia cambia, está cambiando cada minuto, cada segundo.
No querría ser yo la culpable de sobrecargar con horas extras a los pobres registradores civiles, incapaces, en cualquier caso, de cambiar nombres en función del momento existencial de cada uno de los seres humanos. Nos sobran burocracias, y esta sería una más. Además, ¡hay tantas realidades que cambiar, que sería como poner piedras pesadas en los bolsillos de un caminante, provocando que su rendimiento se redujera  en un alto porcentaje!. ¡No practico la crueldad!.
  Pero lo que sí querría anunciaros a vosotros mis amigos, a vosotros que aparentais serlo, a vosotros, que jamás lo sereis, que el 22 de noviembre de 2013 no es el santo de esta Cecilia, si por ello se entiende que ésta está viviendo la existencia que la constituye. ¡No!. Mañana no será mi santo, como no lo fue ayer, como no lo está siendo desde hace tiempo, salvo en gloriosos y puntuales respiros vitales.
¡Os suplico que no me feliciteis!. Ahorrad teléfono y palabras, que también están caras.
Regaladme silencio, en honor a la verdad, a la autenticidad de lo que os estoy comunicando.
Quizás otro día, en otro momento, Cecilia vuelva a encajar en el engranaje de su nombre.
Os prometo una celebración, una gran celebración con todos los que hayan sabido comprender y respetar estas simples y desganadas palabras.

Checha, 21 de noviembre de 2013