Tengo
hambre
Confinada
en estos muros ásperos,
estriados
y rasposos,
accidentados
de agua,
lluvia
ácida y amarga,
observados
en escorzo,
cóncavos
o convexos,
cerrados
o abiertos,
altos,
bajos,
grandes,
diminutos…..
asfixiantes,
olor
a irrespirable cloro negro,
siento
que me acucia el hambre,
un
estómago encogido
exhala
mil alaridos,
una
boca ensalivada de sangre
me
acucia,
me
acucia el hambre.
Hambre
inusual,
hambre
insistente,
hambre
de color indefinido,
parduzco,
casi extinguido….
Hambre
de placeres furtivos,
travesuras
hilarantes,
risas
sinceras,
extenuantes,
estrepitosas,
locas
y altisonantes,
colores
que colorean
esos
muros,
las
estrellas.
Lluvias
de hierba fresca,
de
agujas de pino verde
clavadas
en tierra fértil,
húmeda,
ardiente,
profunda,
salvaje,
que
un día nos prometieron
y
hoy es pasto miserable
de
heces putrefactas
y
gusanos execrables.
Hambre
de deseos de volar,
sumirme
en constelaciones
lejanas
o aledañas,
jugando
a contar
las
estrellas apagadas
ya
invisibles
ensañamiento
de alevosos males.
Busco
pájaros cantores,
vida
que da la vida
inmensas
secoyas
que
al cielo miran,
luciérnagas
nocturnas
cual
diamantes irisados,
susurros
estremecidos
de
palabras llenas,
besos
plenos,
manos
prietas….
Se
que mi anhelo
no
es mío,
disculpad
el desatino,
callados
lo compartís,
monadas
de mi destino.
Algo
te pido, mi amor,
algo
te pido,
no
más que un sorbo
de
acre café contigo.
Checha,
23 de marzo de 2020

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