lunes, 23 de marzo de 2020


Tengo hambre

























Confinada en estos muros ásperos,
estriados y rasposos,
accidentados de agua,
lluvia ácida y amarga,
observados en escorzo,
cóncavos o convexos,
cerrados o abiertos,
altos, bajos,
grandes, diminutos…..
asfixiantes,
olor a irrespirable cloro negro,
siento que me acucia el hambre,
un estómago encogido
exhala mil alaridos,
una boca ensalivada de sangre
me acucia,
me acucia el hambre.

Hambre inusual,
hambre insistente,
hambre de color indefinido,
parduzco, casi extinguido….

Hambre de placeres furtivos,
travesuras hilarantes,
risas sinceras,
extenuantes, estrepitosas,
locas y altisonantes,
colores que colorean
esos muros,
las estrellas.

Lluvias de hierba fresca,
de agujas de pino verde
clavadas en tierra fértil,
húmeda, ardiente,
profunda, salvaje,
que un día nos prometieron
y hoy es pasto miserable
de heces putrefactas
y gusanos execrables.

Hambre de deseos de volar,
sumirme en constelaciones
lejanas o aledañas,
jugando a contar
las estrellas apagadas
ya invisibles
ensañamiento de alevosos males.

Busco pájaros cantores,
vida que da la vida
inmensas secoyas
que al cielo miran,
luciérnagas nocturnas
cual diamantes irisados,
susurros estremecidos
de palabras llenas,
besos plenos,
manos prietas….
Se que mi anhelo
no es mío,
disculpad el desatino,
callados lo compartís,
monadas de mi destino.

Algo te pido, mi amor,
algo te pido,
no más que un sorbo
de acre café contigo.

Checha, 23 de marzo de 2020



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