domingo, 1 de marzo de 2020


Joder con la envidia



















Con ingenuidad pensaba
que el deporte nacional
era invención de arrogantes,
petulantes,
seres pagados de sí
que trataban de envidioso
al que sus pies no besaba,
ungía, masajeaba,
y ante ellos se reclinaba,
reverenciando al vanidoso.

Lavé mi rostro y la vi.

Esa sustancia viscosa,
verde, pegajosa, pringosa,
del color de la esperanza,
pero ésta sutil y alada,
fluida y elevada.

Parca o nula en alabanzas
al esfuerzo ajeno,
sano, sin duelo….
Nunca elevar la autoestima,
eso lo primero!.
Comprendí así
la enorme tara,
el hueco inmenso que llena
tales ánimas ególatras,
sintiendo que han aprendido
lo que ni la muerte enseña,
la estrechez,
el camino,
el rugido del destino
atronador y desconocido.
Arriba tú, niño esponja,
abiertas pupilas,
mente, manos, boca,
al nuevo asombro del día
que esconde su moraleja
al albo corazón abierto,
que gatea y luego
camina lento,
muy lento,
un libro de páginas
escritas por el tiempo.

Busqué en mis adentros,
aprendiendo,
siempre, siempre,
siempre aprendiendo.

Checha, 1 de marzo de 2020


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