viernes, 7 de julio de 2017

Más o menos



Despertó y tenía un leve picor en la mano izquierda. Su mano derecha se dirigió instintivamente a la otra para rascar.
Cuando sus dedos se deslizaron sobre la otra mano sintió una aglomeración que le estorbaba. Era como si se le hubieran multiplicado los dedos. Y así era. Miró con espanto su mano derecha y no podía creer lo que veía. Sus dedos eran dobles. Tenía diez dedos. Fue entonces cuando miró temerosa su izquierda y pudo observar con verdadero horror que estos eran también diez. Cerró los ojos pensando que era un sueño, que solo una pesadilla podía haber obrado tal monstruosidad. Cuando los volvió a abrir nada había cambiado. Ahora tenía veinte dedos en sus manos con los que no sabía lo que hacer.
Probó a elevar su dedo índice y comprobó que el otro índice no se movía, que tenía su propia autonomía. Levantó la mano y notó que le pesaba mucho mas. Nada impensable. ¿Y qué haría ahora con estos veinte dedos?. Podría aprender a tocar una de esas guitarras que tienen muchas cuerdas o a escribir con unos dedos mientras los otros dibujaban. En estas cavilaciones andaba cuando entró su madre en la habitación. Temerosa escondió rápidamente sus manos en las sábanas. La cara de su madre estaba desencajada y de sus ojos brotaban lágrimas. ¿Qué ocurre mamá?.Te lo explicaré sin rodeos. Papá se ha quedado sin brazo trabajando en la carpintería. No pudo parar la sierra a tiempo. ¿Qué me dices?. ¡Es terrible! . De repente pensó en sus manos. ¿Qué prefería, de más o de menos?. Evidentemente de más. Sacó con suavidad la mano de la sábana y la mostró a su madre. Un grito ahogado tapó la boca de ésta. Era monstruoso. Los dos el mismo día. Discapacitados. ¿Pero por qué habría de estar su hija discapacitada?. Sus dedos doblaban su fuerza y sus puntos de agarre. Esos dedos habrían de sustituir en la carpintería a los del padre, estaba segura de ello. Dame la mano, le dijo. Sus manos se entrelazaron torpemente y se apretaron con fuerza. Ahora eres tú la que puedes. Sí, mamá, respondió. Puedo más de lo que creí poder nunca. Te acariciaré como a una reina. El doble de las caricias con las que me has consolado en mi vida. De los ojos de la madre brotó una lágrima ardiente.


Checha 7 de julio de 2017