sábado, 3 de enero de 2015

NEWTON Y SU MANZANA (CUENTO BREVE)

NEWTON Y SU MANZANA

 (CUENTO BREVE)


El cuento que os voy a contar, no por ser cuento, carece de gravedad.
Oí decir a mi abuelo, hombre sabio por viejo, y no por demonio,” ¡ay el azar!, “pero si la ciencia no resulta más que de la simple repetición de azares!”. No comprendí muy bien, y el hombrecillo me intentó explicar, con toda paciencia, el significado de sus palabras:
Mira, hijo- me dijo- ten en cuenta que solo cuando el azar, eso que llamamos casualidad, se reitera en determinadas circunstancias, nos lleva a pensar, a preguntarnos, a buscar la causa de que esto sea así. Y eso, el asombro ante la reincidencia, es el punto de partida de nuestro pensamiento, la base de la ciencia”.
Pero....la ciencia habla de cosas serias, abuelo, no de esas cosas que tú dices que se repiten incesantemente-espeté. Me parece que no tienes ninguna razón, añadí.
Sonrió dulcemente y dijo con voz pausada: la razón, hijo, de eso precisamente estamos hablando.”Sabemos que las probabilidades de ganar a la lotería son mínimas. Tener la suerte de que entre millones de boletos, caiga precisamente tu número. Esto es un juego. Un juego de azar, lo sabemos y arriesgamos. Nada ni nadie hará que seas tú el afortunado, a no ser que el bombo esté amañado, que también podría ser. Pero si así fuera, esa sería la causa, nunca tu suerte, bastante improbable.
Eso que llamamos “leyes de la naturaleza” no son más que el producto de improbables casualidades repetidas sin cesar, que nos hacen sospechar, asombrarnos, buscar causas, principios reguladores. ¿Entiendes ahora?”.
Sin duda vio mi cara de bobo ante tanta teoría abstracta, que no lograba imaginar.


Es así que se apiadó de mí y lo intentó a modo de cuento:
¿Cuántas veces crees que le cayó al pobre de Newton una manzana en la cabeza, mientras reposaba en su viejo manzano, hasta llegar a elaborar su famosa ley de la gravedad?.
Escucha,-me dijo-la primera manzana que dio a parar en su cabezota, sin duda la consideró un producto de su buena suerte, así que la degustó con gran placer, mientras contemplaba otras manzanas que estaban más alejadas de su manzano.Estas estaban ya podridas y picadas por los pajarillos.
La segunda manzana, que también lo despertó de su apacible siesta,le asestó tal golpe en la frente que lo jodió más.Ni tuvo ganas de comérsela.Se dedicó entonces a contemplar cómo su amigo John, que descansaba en el manzano contiguo al suyo, no había sufrido hasta ahora ningún descalabro.
Isaac, hombre tranquilo y paciente, pero no lelo, cansado ya de que un día y otro lo despertase la dichosa manzana, atinando en el mismo punto de la frente, donde ya se vislumbraba un hermoso chichón, no desvelando su secreto a John, utilizó una sencilla argucia para comprobar sus intuiciones. Un día le pidió a John el favor de cambiar de árbol, pues últimamente no conseguía descansar, y quizás, si cambiara de posición...(sería esto un antecedente del descubrimiento del Feng-Shui? Jamás lo sabremos).
La cuestión es que el bueno de John accedió. Isaac dormía plácidamente cuando oyó un ¡joder con la manzanaaa! que lo despertó. John, más impulsivo,no había podido reprimir el improperio por el susto que se había llevado.
Compadecióse de él Isaac y le prometió que en adelante, volverían a sus posiciones iniciales.
Aunque Newton, temiendo por su chichón, se aprovisionó de una buena chichonera, y decidió no dormir. Tomó un café bien cargadito y se tendió en la posición habitual, con los ojos bien abiertos. Fue entonces cuando lo descubrió. Un inoportuno pájaro carpintero acostumbraba a picar en su arbolito, justo a la hora de la siesta. Ese era el movimiento que producía la caída de la dichosa “manzana de la discordia”. ¡Maldito bichejo!, pensó.
Y pensó, y pensó...
Las manzanas caían siempre hacia abajo, lo que significaba que había una fuerza que las atraía hacia la tierra. No era ninguna casualidad que le cayeran a él y no a su amigo, pues el animalejo se hallaba en su árbol, y no en el de su amigo.
Y pensó, y pensó...
¿Y por qué había otras manzanas caídas alejadas del árbol?.En esto divagaba cuando, como sin querer, dio una fuerte patada a la manzana que hoy le habían traído los “hados”, que rodó y rodó hasta toparse con un tronco de árbol que paró su movimiento.
Hilando estas “casualidades” fue como Isaac descubrió la hasta hoy vigente (hasta más ver) LEY DE LA GRAVEDAD, y con ella, la existencia de otras leyes de la mecánica y el movimiento rotatorio.
El descubrimiento fue de gran utilidad para él y su familia, pues, a partir de entonces, jamás faltaron manzanas en su mesa. Colocó una gran cesta de mimbre al pie del manzano, y cada anochecer llegaba a casa con una cesta repleta de ricas manzanas”.

Abuelo, ¿es cierto lo que me has contado?. Si quieres saberlo- respondió el abuelo- no tienes más que tenderte bajo el manzano.

¿Y se puede saber qué es eso de la “manzana de la discordia” que antes has mencionado?.






¡Uff!, exclamó el abuelo. Eso es otro cantar. La Biblia habla de ella, también Homero, y fue la que mordió Blancanieves.
Parece que la manzana, por ser tan dulce, atrae a demasiados gusanos, ¡no sé!.
El nieto se quedó pensativo. Ya de mayor, encontró en un libro un pasaje que le hizo pensar en el cuento de su abuelo:

Sin azar no hay ciencia, y no hay azar si no hay quien lo piense. Guárdate de los petulantes dioses de la mente que quieran borrar tus chichones, haciéndote creer que son fruto de la mera casualidad”.

Estaba abierto en la biblioteca. Lo de los chichones le pareció demasiado familiar. Lo entrecerró para ver título y autor.
El autor era su abuelo. ¡Qué casualidad!.

Consejo de Checha: si no os ha caído la lotería de Navidad, lo más probable es que tampoco os toque la del Niño.

Checha, 3 de enero de 2015