sábado, 6 de diciembre de 2014

ABISMO CONSTITUCIONAL

ABISMO

CONSTITUCIONAL



Este día 6 en que se celebra y conmemora la Constitución española de 1978, es para la mayoría un maravilloso puente, de esos que une dos días de fiesta, 6 y 8 para disfrutar de unas minivacaciones (en muchos casos bien merecidas).
No creo que haya muchos que se paren a pensar seriamente en la Constitución y su significado, y los que lo hacen, seguro que están pensando en el polémico artículo 135 de la misma.
Si bien no es baladí plantearse el estado de las autonomías y su reforma, en beneficio de todas las partes, dadas las graves tensiones que suscita, no estaría de más ir un poco más lejos, molestarse en releer suscintamente aunque solo sea el preámbulo y los primeros artículos de la Constitución. Pues ¿qué autonomía puede o debe exigir un pueblo, si no tiene garantizada la autonomía de los individuos que lo componen?. Si los individuos que componemos la sociedad adolecemos de indefensión, desigualdad, violación de nuestros derechos más primarios, discriminación por sexo, raza, etc, ¿qué sentido tiene hablar de autonomía?. ¿De qué sirve una Constitución que desatiende los derechos fundamentales de los individuos que la constituyen?
Casi todas las Constituciones, Cartas Magnas, Leyes Fundamentales, o como quiera que se llamen, en países no oprimidos por una cruel dictadura, parten de los mismos fundamentos, basados en los primeros principios del derecho natural, cuyo incumplimiento imposibilita la convivencia pacífica de cualquier sociedad: derecho a la igualdad, a la libertad, a la educación, a la vivienda, a la justicia, etc.
Repasados estos principios básicos y comprobada su completa ineficacia en un estado, que se define social y de derecho, pero en el que se viola sistemáticamente la individualidad, ¿cómo podremos llegar a comprender o solucionar el artículo 135?, ¿vamos a empezar la casa por el tejado?.
Por muchas vueltas que le demos, por muchos matices, distinciones y nomenclaturas, la historia de la humanidad se define por la lucha y escisión de dos corrientes que pretenden ser contrapuestas entre sí: idealismo y realismo, racionalismo y empirismo, teoría y práctica..., que, lejos de hallarse en las antípodas, se reclaman sin remedio, se necesitan mutuamente, porque no podría existir la una sin su “contraria”; dos caras de un mismo mundo que va cambiando cíclicamente, rotando de la una a la otra, bien por hastío o por pura inercia, sin que sus actores se percaten de la absoluta necesidad de este ciclo.
Ya, nuestro gran Cervantes, las representó con dos personajes inmortales, perfecta puesta en escena de la teoría de los contrarios. Posteriormente, fue el sagaz y lúcido Unamuno el encargado de hacernos ver que Cervantes no contraponía dos visiones del mundo, sino que las presentaba como tales, como conjunción perfecta de dos elementos, como unidad indisoluble entre inducción y deducción, teoría y praxis. En “Vida de Don Quijote y Sancho”, nos arrastra con dulzura hasta la comprensión de esta realidad, de la quijotización de Sancho y la sanchificación de Quijote.
Es inapelable que la teoría nos lleva a la práctica, ésta a una nueva teoría, que a su vez revierte en una nueva práctica,..”ad infinitum”, y empezando por donde se quiera, como el huevo y la gallina.


Podremos analizar disociando, pero no debemos olvidarnos de volver a asociar lo que se pertenece inexorablemente.
Y en este punto, en esta inaceptable disociación es donde se abre el abismo infranqueable que atenta contra los fundamentos mismos de nuestra sociedad.
Si la Constitución es el primer eslabón, el que nos proporciona las bases “sine qua non”, el segundo eslabón deberían ser las leyes, un pasito más cerca del individuo, concretando un tanto esos principios tan generales. Pero aún queda un puente, que debería ser limpio y transparente: siendo la ley aplicable a cualquier individuo, sigue manteniéndose en el terreno de la generalidad, con lo que necesita la mano de una justicia incorruptible (¡no se rían, por favor!), para bajar ese tercer escalón, para adecuar la ley a todo tipo de circunstancias y acercarse lo más posible a la relativa justicia que puede reinar en una sociedad de hombres imperfectos (afortunadamente).
Por poner un ejemplo práctico:
imaginemos que Joseph K. se halla tendido en la cama de su pensión, extenuado, tras haber recorrido mil veces el castillo, cumplido absurdas órdenes de no se sabe quién, al que no puede acceder, por lo que desconoce el sentido o finalidad de su caótico trasiego, se siente transformado en obediente cucaracha de un supuesto dueño incognoscible. La razón siempre se rebela al absurdo, su estado psicológico es tal que no puede reprimir las lágrimas, que siente rabia infinita, y se pone a golpear con fuerza el colchón donde reposa, para desfogar incomprensión y tedio.
Imaginemos que la curiosa patrona se asoma por la rendija de la pared, se escandaliza del estado deJ.K., y sin preguntarse por razones o consultarle por su estado, convoca directamente a todos los médicos y policías del castillo para que se lleven a ese indeseable de su pensión.
El desconocido dueño del castillo dicta sentencia, J.K. es encarcelado. Inútil su intento de resistencia, su apelación a la justicia, a su derecho a ser defendido, a la violación de su morada, al derecho de ser escuchado, a la presunción de inocencia que todo ser debe tener. Grita, apela, pregunta, pide. El anónimo poder traga su voz.
Os preguntaréis por los demás. ¿No habrá nadie que se compadezca?. Pues no. El poder es anónimo y absoluto. La masa asume el poder, porque el absurdo se ha adueñado de la masa.
Un indulto sin explicaciones sorprende a J.K. Ya no grita, ha aceptado que así será su permanencia en el castillo.
Años más tarde, su abatimiento vital en aumento, en una de esas humanas caídas, en uno de esos humanos deseos de comprender algo, de saber por qué ha de obedecer a las órdenes de NADIE, vuelve a ser sorprendido por la misma patrona. Vuelve a ser apresado por los mismos todopoderosos. Ya casi no se reconoce como persona.
Este resumen no corresponde a “El Castillo” de Kafka, es una metáfora de lo que ocurre, está ocurriendo en nuestra sociedad castillo:
violaciones de morada sin orden judicial, jueces comprados para dar la orden, si es el caso, desprotección, encarcelamiento sin delito, desinformación de causas, violaciones de intimidad, etc
Y todo esto forma parte de los fundamentos, de las bases de una Constitución garante de un estado de derecho y no de la ley de la selva.
Libertad, igualdad, fraternidad, ideales de la Revolución Francesa que no se han cumplido, y quizás jamás se cumplan.

Checha, 6 de diciembre de 2014