miércoles, 25 de diciembre de 2013

LLUVIA DE ES-TUPIDOS


LLUVIA DE ES-TUPIDOS



No dejan de llover, entorpecen la claridad del cielo con sus burdas mentes. Son la negación de la belleza infantil.
¡Sed como niños!, dijo un grande, y no carecía de razón, de razón adulta. Bien sabía lo que quería decir. Pero los enanos malinterpretan sistemáticamente a los grandes.
¡Sed como niños para amar incondicionalmente, para creer en la vida y en la imaginación creadora, para confiar en el futuro y en los compañeros de viaje, justo hasta el momento en que se hagan indignos de tal confianza!.
¡Jugad como niños al balón, a la construcción de palacios imaginados, a saltar a la comba hasta reventar!. Jugad con otros niños, con adultos que se presten, con fieles animales domésticos, con, con, con…..!.
¡Pero no hagáis trampas, no seáis egoístas, como los niños!.


Nadie os dijo que fuerais niños, sino “como niños”. La diferencia es sustancial, abismal.
Siendo niño, la mente está en desarrollo, es tupida en ciertos aspectos, por falta de conocimientos, que requieren tiempo y experiencia para conformar una persona madura, capaz de adquirir responsabilidades y, por ello, merecedora de libertad.
A mayor libertad, mayor responsabilidad recae sobre nosotros.

El conocimiento, la conciencia del bien y el mal, de las posibles consecuencias indeseables de la propia conducta como ser social, la asunción de las limitaciones de instintos crueles y egoístas que impone vivir en sociedad, si no se quiere ser víctima del efecto boomerang, esto es, de que se revuelvan contra uno, es fruto de años vividos, con observancia y rectitud.



Un niño es inmaduro por ser adulto en potencia.
He ahí la razón por la que, si bien es deseable la permanencia de cualidades infantiles, que jamás deberían desaparecer de nuestro ser, estamos obligados a caminar, a adquirir experiencias de alegría, de dolor propio y ajeno, de empatía con corazones sangrantes callados,...experiencias sólo soportables y racionalizables por una mente adulta, que ha sufrido cielos e infiernos, que ha nadado en tempestades y ha conocido el dulce sabor de la llanura tras el sudoroso y escarpado ascenso, que ha aprendido un poco a vivir y a sobrevivir.
Aquel sabio hablaba, pues, de algo bien distinto. Hablaba del corazón (aunque muchos adultos no hayan adquirido el significado de este concepto).


Es ese corazón el invitado a permanecer infantil, abierto a la alegría, imaginativo, olvidadizo con el mal…; ¡jamás la mente!.
Soy racional, ¡perdonen!, y eso tiene ventajas e inconvenientes. Como ser racional, la naturaleza me exige, me obliga a aprender, a desarrollarme, a saber cual es es lugar de la broma y cuál el de la crueldad, a saber hasta dónde puedo llegar  con conciencia, cada vez más clara y diáfana, simplemente porque me ha dotado de talento, del que soy responsable. Esa misma naturaleza castigará mi mente obtusa, oscura y sin horizontes.


Nadie me dió derecho a jugar con vidas ajenas, a apoderarme de ellas y manipularlas, a abusar de un pretendido poder.
Corrupción, malversación, manipulación, son delito, y de los grandes. Pero no sólo se hallan en el macromundo político, con grandes titulares, sino también, y en mayor medida, en micromundos, insospechados para muchos, lo que las hace más peligrosas. Dañan a sus víctimas sin piedad y,para colmo, despiertan en ellas instintos de venganza, rechazada y maldecida por los mismos que la provocan.
Los niños juegan con los demás para obtener risas y alegría: hacen trampas a sus padres y se carcajean de lo listos que han sido, ponen chinchetas en los asientos de los profes, les cuelgan muñecos de papel a las espaldas….En ellos tiene disculpa: su mente aún no tiene oscuridades, sino vacíos de conciencia. Por eso se les exige menos responsabilidad y se les concede menos libertad.
¡Por todos los infiernos!, ¡que cese la lluvia de adultos es-tupidos, sin excusa alguna!.
Oscurecen nuestro cielo con horrorosas manchas negras.
¡Queremos ver el cielo libre de estas contaminaciones!.

Checha, 25 de diciembre de 2013