miércoles, 3 de julio de 2013

PEQUEÑA SELECCIÓN DE FÁBULLAS

PEQUEÑA SELECCIÓN DE FÁBULAS



Fue mi padre el que me introdujo desde temprana edad en este gran género, el de la fábula. Me las recitaba de memoria, ese gran memorión perdido en las múltiples heridas que hoy afectan a su cerebro. Llegué a aprenderme más de una docena, de las que, por desgracia, no sabría recitar ni media. No obstante, todas dejaron su huella en mí, todas  señalaban con el dedo los defectos humanos, y, entre todos ellos, destacaba el de la vanidad. ¡Se trataba de animales! , esos seres inferiores y en muchos casos maltratados, los que con todo acierto, nos sacaban burla a nosotros, ¡los grandes y poderosos humanos! .
Samaniego, fue y sigue siendo mi favorito, y a él pertenece esta pequeña selección:




La zorra y el busto
Dijo la Zorra al Busto,
Después de olerlo:
«Tu cabeza es hermosa,
Pero sin seso»

Como éste hay muchos,
Que aunque parecen hombres,
Sólo son bustos.




El perro y el cocodrilo

Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
"¡Bebe quieto!", le decía
un taimado Cocodrilo.
Dijole el Perro, prudente:
"Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?"
¡Oh; qué docto perro viejo!
Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.

La serpiente y la lima
En casa de un cerrajero
Entró la Serpiente un día,
Y la insensata mordía
En una Lima de acero.
Díjole la Lima: «El mal,
Necia, será para ti;
¿Cómo has de hacer mella en mí,
Que hago polvos el metal?»
Quien pretende sin razón
Al más fuerte derribar
No consigue sino dar
Coces contra el aguijón.

Los dos amigos y el oso
A dos Amigos se aparece un Oso:
El uno, muy medroso,
En las ramas de un árbol se asegura;
El otro, abandonado a la ventura,
Se finge muerto repentinamente.
El Oso se le acerca lentamente;
Mas como este animal, según se cuenta,
De cadáveres nunca se alimenta,
Sin ofenderlo lo registra y toca,
Huélele las narices y la boca;
No le siente el aliento,
Ni el menor movimiento;
Y así, se fue diciendo sin recelo:
«Este tan muerto está como mi abuelo.»
Entonces el cobarde,
De su grande amistad haciendo alarde,
Del árbol se desprende muy ligero,
Corre, llega y abraza al compañero,
Pondera la fortuna
De haberle hallado sin lesión alguna,
Y al fin le dice: «Sepas que he notado
Que el Oso te decía algún recado.
¿Qué pudo ser?» «Diréte lo que ha sido;
Estas dos palabritas al oído:
Aparta tu amistad de la persona
Que si te ve en el riesgo, te abandona.»

Muy sabios estos animales.


Checha, 3 de julio de 2013