lunes, 1 de julio de 2013

EL CABALLO DE ATILA

EL CABALLO DE ATILA






Cuenta la leyenda que por allí por donde pasaba este caballo, propiedad de Atila, rey de los hunos, NO CRECÍA LA HIERBA.
Actualmente se relaciona el problema de desertificación de la tierra con este caballo, con esta leyenda. ¿Pero, existió, existe tal raza de caballos?.
   No hay duda de que los humanos estamos sembrando muerte con nuestras tóxicas emisiones de CO2 a la atmósfera, con la manipulación de todo lo vivo, que, en definitiva, es lo que nos alimenta , con el uso de pesticidas, conservantes, energías no renovables, y un sinfín de agentes venenosos.
  Sembramos muerte esperando vida, mientras visitamos piadosamente los templos de nuestros dioses rogándoles piedad y bondad para con nosotros.
    Sin embargo, hay muchos tipos de Atilas.
Cierto es que, como seres dotados de razón, no nos exime la ignorancia o despreocupación de culpa alguna, aunque, en muchos casos, sí la atenúa, a saber, aquellos en que conscientes de nuestro error, procuramos enmendarnos, reconducirnos  hacia una relación armoniosa y respetuosa con la naturaleza, de la que somos parte.
   Pero, ¡ay del Atila consciente, malvado y asesino de lo que le rodea!.  Ningún Dios tendrá piedad de sus sibilinas  y perversas actuaciones. Capaz de ir matando y torturando lentamente a lo más cercano, llegará a otro punto de cercanía donde también aniquilará, y todos huirán a su paso. De nada servirán sus plegarias, ni sus ruegos a S. Francisco de Asís, porque no habrá quien lo escuche, ni quien lo crea.
 Deseará estar sólo, pero no lo conseguirá jamás. Su conciencia lo acompañará para siempre y quizás no tarde mucho en arruinarlo, porque el mal que produce, no es otro que el que lleva dentro. Su crimen será su propio castigo.

“¿Mi crimen? ¿Qué crimen?- rugió con repentina cólera Raskolnikov-. El hecho de haber matado a una vieja inmunda y maligna, a una usurera miserable y vil, cuya muerte merecería indulgencia para cuarenta pecados, un vampiro que chupaba la sangre de los pobres, ¿constituye acaso un crimen? No lo creo, y no pienso expiar esa culpa”.
                                         Dostoievsky, “Crimen y Castigo”


Raskolnikov es un psicópata, y por ello, resulta absurdo creer que la culpa es el eje narrativo de la novela. El verdadero crimen por el cual sufre su castigo no es el asesinato de la usurera, sino la cobardía con la que enfrenta las consecuencias de sus actos, el profundo terror que siente de ser atrapado por la policía, situación que contradice sus ideales, los mismos que justifican la naturaleza del homicidio. Esa es la condena que purga Raskolnikov a lo largo de la novela, aquello que le devora los intestinos por dentro y lo conducen irremediablemente a entregarse a las autoridades con el fin de liberarse de su propia debilidad y cobardía, negándole a su vez toda posibilidad de convertirse en uno de los grandes hombres a los que aspira convertirse.
                               Manuelhborbolla


Muy posible es que, como afirma Manuel Borbolla, no sea la conciencia de culpa su castigo, pues hay conciencias tan lasas y vanidosas, que jamás  reconocerían la propia culpabilidad.  Pero, ¡bendita justicia!, existe la cobardía, el temor a ser atrapado, que, aunque más vil sentimiento, también corroe, también  resarce a la víctima de su impotente e injustificado agravio.

Checha, 30 de junio de 2013