miércoles, 15 de mayo de 2013

ARENAS MOVEDIZAS


ARENAS MOVEDIZAS



Bajo el sol de la aurora,
bajo la nocturna luna,
bajo el  crepúsculo vespertino,
bascula su cuerpo andante.

Minúsculos granitos ceden paso a sus huellas,
arenas blancas, arenas negras.
Improntas de su camino,
borradas por mar, viento, lluvia..,
quizás otro caminante.

Blancos guantes borran huellas,
destinos de peregrino,
cuyo camino ya fue,
marcado o no su pasaje.

Adelante, atrás, en círculos o cuadrados,
su cuerpo se ha desplazado,
no importa hacia qué lugar.
Confiado y sin cadenas, cae,
¡ay dios! en otras arenas,
arenas blancas, arenas negras.

Fangosas blandas arenas
que ya no ceden,
que ya no marcan,
que sólo engullen,
que paran al caminante.

Pies tragados por el fango,
sin árbol que los asista,
sin un minúsculo báculo.
Traga la arena sus tripas,
con ellas su corazón.
Suplica al cielo  escalera, losa firme, mano, bastón,
o tan solo una razón.

Ya alcanza el barro su boca,
que conminada a callar, a tragar,
no grita,
Tampoco invoca.
Estoicismo criminal.
No escucharán sus gemidos,
¡tu camino has elegido!,
¿sus trampas has de llorar?.
Arenas blancas, arenas negras.

Arenas movedizas sin llegada ni partida,
Que ahogan cuerpo y encogen alma.
Otros peregrinos huyen,
sus tripas llenas de arena,
ahora crujen en la nada.
Arenas blancas, arenas negras.
               Checha

Checha, 15 de mayo de 2013