sábado, 18 de mayo de 2013

KAFKA, EL CASTILLO Y EL ABSURDO


KAFKA, EL CASTILLO



Por fin le tocó el turno a mi escritor por antonomasia, que he leído y leería hasta la saciedad….

EL CASTILLO
Franz Kafka
Título original: Das Schlos
Año de publicación: 1945
Editorial: Alianza
Colección: El libro de bolsillo nº 297
Traducción: D. J. Vogelmann
Edición: 1973
ISBN: 978-84-206-1297-3
Comentarios de: Francisco Ontanaya
K. es un agrimensor que llega a la aldea del castillo para cubrir una demanda de empleo. Sin embargo, las dificultades del viaje le han retrasado un año. Cuando llega, descubre que la situación es increíblemente enrevesada. La decisión de contratar a un agrimensor ha sido revocada, y pronto K. se encuentra perdido sin otra cosa que hacer que luchar contra el resbaladizo sistema del castillo para que le compensen el error.

En el camino, conocerá a Frieda, dependiente y elegida del mesón que frecuenta el regente del castillo y la aldea, Klamm, un individuo absolutamente misterioso. Frieda le sigue, se enamora, más o menos, de K., se casan y le acompaña en su caída con tanta paciencia como perplejidad. También entablará cierta amistad con Barnabás, un mensajero del castillo y su única vía de comunicación con su interior, pero también una especie de paria en la aldea. Conoce a su familia y a sus hermanas, que tanto le ayudan como le entorpecen en su intención de entender las reglas de la aldea y llevar su demanda hasta el interior del castillo. Se peleará con sus dos ayudantes, bufones, histriónicos, insoportables pero también frágiles. Se verá obligado a aceptar un puesto de bedel en una escuela, se enfrentará a la desconcertante audiencia de los ministros que atienden las solicitudes de los aldeanos. En definitiva, K. resbalará sobre una superficie helada cada vez que intente penetrar en la surreal organización de la aldea.
EL CASTILLO es una obra de prosa densísima, claustrofóbica, casi desesperante por la futilidad de todos los esfuerzos de K. Sin embargo, posee a su vez un extraño encanto. Los personajes parecen salidos en realidad de un extraño País de las Maravillas, cada uno con una lógica y una expresividad propias. Algunos momentos, como la escena de los dos ayudantes rogando y solicitando desde lo alto de un muro nevado, o la audiencia de los ministros en el mesón, son realmente memorables; uno siente una cierta sensación de dejá vu al leerlo, como si algunas de las sensaciones que transmite EL CASTILLO ya las hubiera leido en otras obras, más recientes. Desde luego, es una lectura que influye en quien logre afrontar el titánico reto de penetrar su dificilísima gramática. No se puede decir ni que entretenga (a la sazón está inconclusa), ni que aburra. Uno queda atrapado en la esperanza de ver aclarada esa terrible confusión, esperanza que no se cumple realmente, pero queda atrapado también por unos personajes capaces de asumir el absurdo como una realidad tangible. Calificar EL CASTILLO parece imposible. Ya se sabe que todo lo de Kafka suele considerarse sui generis.
© Francisco Ontanaya, 1 de agosto de 2001 (448 palabras) Créditos

Franz Kafka - Datos del autor
(1883-1924). Escritor judío checo, cuya desasosegadora y simbólica narrativa, escrita en alemán, anticipó la opresión y la angustia del siglo XX. Está considerado como una de las figuras más significativas de la literatura moderna.
Los temas de la obra de Kafka son la soledad, la frustración y la angustiosa sensación de culpabilidad que experimenta el individuo al verse amenazado por unas fuerzas desconocidas que no alcanza a comprender y se hallan fuera de su control.
En cuanto a técnica literaria, su obra participa de las características del expresionismo y del surrealismo. El estilo lúcido e irónico de Kafka, en el que se mezclan con naturalidad fantasía y realidad, da a su obra un aire claustrofóbico y fantasmal.
Contraviniendo el deseo de Kafka de que sus manuscritos inéditos fuesen destruidos a su muerte, el escritor austriaco Max Brod, su gran amigo y biógrafo, los publicó póstumamente. Entre esas obras se encuentran las tres novelas por las que Kafka es más conocido: El proceso (1925), El castillo (1926), y América (1927).

"En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo."
"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives."
"Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro."
"La literatura es siempre una expedición a la verdad."
"El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño."
"A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar."
"El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal."
"Quien busca no halla, pero quien no busca es hallado"
"El dolor es el elemento positivo de este mundo, más bien el único vínculo entre este mundo y lo positivo en sí."
"Los puntos de vista del arte y de la vida son distintos aún en el mismo artista."
"A partir de cierto punto en adelante no hay regreso. Es el punto que hay que alcanzar"

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Franz Kafka


  • "Una buena oportunidad para desesperarse un poco —pensó—, si me encontrase aquí por casualidad y no por mi propia voluntad."
  • "-También esto- pensé- es libertad para el hombre: ¡el movimiento soberano!" (Informe para una academia).
  • "A partir de cierto punto en adelante no hay regreso. Es el punto que hay que alcanzar"
  • "Afortunadamente la incongruencia del mundo es de índole cuantitativa. (Consideraciones acerca del pecado)"
  • "Cascar una nuez no es realmente un arte, y en consecuencia nadie se atrevería a congregar a un auditorio para entretenerlo entonces ya no se trata meramente de cascar nueces. O tal vez se trate meramente de cascar nueces, pero entonces descubrimos que nos hemos despreocupado totalmente de dicho arte porque lo dominábamos demasiado, y este nuevo cascador de nueces nos muestra por primera vez la esencia real del arte, al punto que podría convenirle, para un mayor efecto, ser un poco menos hábil en cascar nueces que la mayoría de nosotros. (Josefina la cantora o el pueblo de los ratones)"
  • "Creer significa liberar en sí mismo lo indestructible o mejor: liberarse o mejor aún: ser indestructible o mejor aún: ser."
  • "El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño."
  • "El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación."
  • "El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal."
  • "En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo."
  • "En ti observé lo que tienen de enigmático los tiranos, cuya razón se basa en su persona, no en su pensamiento. Al menos, así me lo parecía" (Carta al padre, 1919)
  • "Quizá haya sido el instinto el que, en razón de la ciencia, pero de una muy diferente a la actual, me haya hecho apreciar más una ciencia que sea el non plus ultra de las demás: la ciencia de valorar la libertad por sobre toda otra cosa. ¡La libertad! Sí, la libertad, tal como nos es posible actualmente, es una planta bien endeble; pero de todos modos libertad, de todos modos un patrimonio" (investigaciones de un perro)
  • "Hay problemas que jamás hubiéramos resuelto si fueran realmente nuestros problemas."
  • «Alemania ha declarado la guerra a Rusia —por la tarde clase de natación».
    • Original: „Deutschland hat Rußland den Krieg erklärt - nachmittags Schwimmschule“
    • Franz Kafka Tagebücher hrsg von H-G Koch, M. Müller und M. Pasley Fischer Taschenbuch Verlag 2002 ISBN 3-596-15700-5 S. 543 (pag. 543).
  • "La eterna juventud es imposible; aún cuando no hubiera otros impedimentos, la introspección la imposibilitaría."
  • "La historia de los hombres es un instante entre dos pasos de un caminante."
  • "La literatura es siempre una expedición a la verdad."
  • "Lo cotidiano en sí mismo es ya maravilloso. Yo no hago más que consignarlo."
  • "No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives."
  • "Quien busca no halla, pero quien no busca es hallado."
  • "Sería posible que este mundo nos diera alegría si no estuviéramos refugiados en él?"
  • "Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?... Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro."
  • "Si el mundo se te opone, debes ponerte del lado del mundo."
  • "Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir".
  • "Toda revolución se evapora y deja atrás sólo el limo de una nueva burocracia."
  • "Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro."
  • "Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado alrededor de una realidad artificial."
  • "Uno de los medios más efectivos que tiene el mal es invitar a la lucha".
  • "Vivir es desviarnos incesantemente. De tal manera nos desviamos, que la confusión nos impide saber de qué nos estamos desviando."
  • "A schubal no quiero hablarle, hasta lamento haberle dado la mano, y todos los demas que aquí se encuentran sólo son cascaras vacías"(America)
  • "Solo a veces, de noche, cuando vuelven tarde de alguna fiesta, sus vestidos parecen raídos ante el espejo, deformados, sucios, ya observados por demasiada gente y casi impresentables" (Contemplacion, vestidos)
  • "Las manos de las mujeres adelantan mucho calladamente"(El proceso)
  • "Parece admirarse de que yo haya abordado el tema, inclusive pienso que me lo reprocha. Esto hace que sea más necesario hablar de estas cosas. Lo lamentable es que solamente lo pueda hacer con una anciana" (El proceso)
  • "En efecto -Proseguía el abogado Huld- La defensa no está expresamente permitida por la ley; La justicia se limita a sufrirla y hasta se pregunta si el articulo del codigo que parece tolerarla, la tolera realmente". (EL Proceso)
  • También te parece lo más logico la ayuda que tus amigos te brindan.Al final, lo hacen con esmero, con mayor razón yo. Solo necesito tu retribucion amándome,"¿Que te amo?","Pensó K enseguida. Luego se dijo "Ah, si, la amo" (El proceso)
  • "Esta sería una buena ocasión, se dijo, de dejarme llevar por la desesperación, si me encontrase aquí por efecto de la casualidad y no por mi voluntad" (El castillo)
  • "Por mas que animes tanto como quieras a alguien que tienen los ojos vendados a mirar a traves de la venda, no verá jamas.No empezará a ver mas que desde el momento en que se quite la venda"(El castillo)


El Castillo de Franz Kafka



Soledad y Frustración en la Narrativa Kafkiana

La novela es simple, pero cruel, y da la impresión que así quiere el autor que sea. Una lucha, de antemano perdida, se ahoga en sus páginas.
La obra de Franz Kafka representa una crítica simbólica a las instituciones y sus sistemas de funcionamiento. Sus libros comparten un rasgo general: el análisis a las formas del poder. Esta reflexión opera tanto desde una perspectiva deductiva como inductiva, es decir, que Kafka no sólo refleja, sino que argumenta, se hace sentir a través de sus historias, fundado formas de saber.
Uno de los elementos que trata la obra de Kafka, en relación a las formas en que se presenta el poder, es el de las instituciones gubernamentales. Hay un constante análisis de los funcionamientos de estas instituciones, de sus herramientas, alcances y formas de operar. El autor desarrolla, de esta manera, una microfísica del poder que define las relaciones entre el individuo y el mundo.
Éste, en apariencia, es el tema central que recorre su última novela, El Castillo. Sin embargo, existen unos elementos esenciales en los cuales se enmarca la literatura kafkiana, estos son los que representan su alter ego dentro de la obra.
Miremos un aforismo extraído del libro, Aforismo, Visiones y Sueños, de Franz Kafka. El aforismo número 52 versa de la siguiente manera: “En la lucha entre ti y el mundo, ponte de parte del mundo”. Es este sentimiento de soledad y fracaso su alter ego que recorre las páginas y ensombrece al lector de una forma alienante.
En su última obra se hace palpable, se intensifica esta visión pesimista, a través de las experiencias vividas por Josef K., personaje principal, que lucha, dentro de esta microfísica del poder, por alcanzar un reconocimiento del aparato estatal. Pero su lucha se ve frustrada y su vida se ve inclinada hacia la soledad.

La Trama

La novela es simple, pero cruel y da la impresión que así quiere el autor que sea. K. es un agrimensor que ha sido contratado por la figura simbólica de El Castillo, para realizar un “presunto” trabajo de agrimensura.
Sin embargo, al llegar se le comunica que sus servicios no son requeridos, que se debe a un error en los trámites burocráticos que no se le comunicó a tiempo aquella decisión. Además, se le aclara que es en las cuestiones más insignificantes, como en su caso, que se dan ese tipo de errores.
A pesar de esto, K. decide quedarse en el pueblo y aprovechar su posición para llamar la atención de El Castillo y así lograr una mejor vida. Su objetivo es sencillo, una vida feliz. Cree encontrar el amor en una joven camarera. Y busca infinitamente entrar en comunicación con El Castillo. Ambas cosas resultan imposibles.
De esta manera transcurre la vida de K. en la novela. El personaje se ve envuelto en aquella microfísica del poder, enfrentado a ella en una lucha de antemano perdida. Es así como una aurora pesimista encierra la obra.

Alienación y Pesimismo

Como hemos visto, los conceptos de frustración y soledad son una constante en la obra del escritor checo. La narrativa kafkiana, entonces, se caracteriza por una ola de pesimismo que recorre sus páginas hundiendo, en lo profundo de su universo, al lector y logrando una función alienante.
El Castillo de Franz Kafka
18-oct-2009
Miremos un aforismo extraído del libro, Aforismo, Visiones y Sueños, de Franz Kafka. El aforismo número 52 versa de la siguiente manera: "En la lucha entre ti y el mundo, ponte de parte del mundo". Es este sentimiento de soledad y fracaso su alter ego que recorre las páginas y ensombrece al lector de una forma alienante.
En su última obra se hace palpable, se intensifica esta visión pesimista, a través de las experiencias vividas por Josef K., personaje principal, que lucha, dentro de esta microfísica del poder, por alcanzar un reconocimiento del aparato estatal. Pero su lucha se ve frustrada y su vida se ve inclinada hacia la soledad.
"En sus primero años, Kafka escribió que la literatura fue hecha para llevar al lector la verdad, aunque esto implicara que su modo de transmisión fuera necesariamente violento: los libros deben ser "el hacha que destruye el mar congelado dentro de nosotros"
Y Kafka lo logra, destruye el mar congelado que habita en el interior del lector, obligándolo a enfrentar la verdad existencial: su papel en el mundo es nimio, en la microfísica del poder tan sólo somos pedazos de arena. No obstante, de pedazos de arena está hecho el desierto.

Copyright del artículo: Javier Zamudio.

Anna Arendt, en su ensayo titulado “Franz Kafka, revalorado”, nos dice lo siguiente: “El mundo de Kafka es sin duda terrible. Hoy sabemos, seguramente mejor que años atrás, que ese mundo es algo más que una pesadilla, y que, por el contrario, encaja estructuralmente, con inquietante exactitud, con la realidad que se nos obliga a vivir”
Lo que resta preguntarnos es si este propósito es voluntario, si Kafka está interesado en producir este efecto en el lector. Natalie Lam, en su ensayo titulado “Reaching for the axe: Kafka and the language of the power” (Ganador del Prize Essay Contest 2009, de Boston University) nos dice lo siguiente en relación a la actitud literaria del autor:
“En sus primero años, Kafka escribió que la literatura fue hecha para llevar al lector la verdad, aunque esto implicara que su modo de transmisión fuera necesariamente violento: los libros deben ser “el hacha que destruye el mar congelado dentro de nosotros”
Y Kafka lo logra, destruye el mar congelado que habita en el interior del lector, obligándolo a enfrentar la verdad existencial: su papel en el mundo es nimio, en la microfísica del poder tan sólo somos pedazos de arena. No obstante, de pedazos de arena está hecho el desierto.
Copyright del artículo: Javier Zamudio. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.



ALGUNOS FRAGMENTOS ESCOGIDOS (Checha)
Se dedicó a buscar un alojamiento; en la posada aún
estaban despiertos, el hostelero no tenía ninguna habitación para alquilar, pero permitió, sorprendido y confuso por el tardío huésped, que K durmiese en la sala
sobre un jergón de paja. K se mostró conforme. Algunos campesinos aún estaban sentados delante de sus
cervezas pero él no quería conversar con nadie, así
que él mismo cogió el jergón del desván y lo situó cerca de la estufa. Hacía calor, los campesinos permanecían en silencio, aún los examinó un rato con los ojos
cansados antes de dormirse.
Pero poco después le despertaron. Un hombre joven,
vestido como si fuese de la ciudad, con un rostro de actor, ojos estrechos y cejas espesas permanecía a su
lado junto al posadero. Los campesinos todavía seguí-
an allí, algunos habían dado la vuelta a sus sillas para
ver y escuchar mejor. El joven se disculpó muy amablemente por haber despertado a K, se presentó como
el hijo del alcaide del castillo y después dijo:
—Este pueblo es propiedad del castillo, quien vive
aquí o pernocta, vive en cierta manera en el castillo.
Nadie puede hacerlo sin autorización del conde. Usted,
sin embargo, o no posee esa autorización o al menos
no la ha mostrado. El Castillo
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K, que se había incorporado algo, se alisó el pelo, miró desde abajo a la gente que le rodeaba y dijo:
—¿En qué pueblo me he perdido? ¿Acaso hay aquí
un castillo?
—Así es —dijo lentamente el joven, mientras aquí y
allá se sacudía alguna cabeza sobre K—, el castillo del
Conde Westwest3
.
—¿Y hay que tener una autorización para pernoctar?
—preguntó K como si quisiese convencerse de que no
había soñado las informaciones aportadas con anterioridad.
—Hay que tener la autorización —fue la respuesta, y
K captó un tono de burla cuando el joven preguntó al
hostelero y a los huéspedes con el brazo extendido:
—¿O acaso no hay que tener una autorización?
—Entonces tendré que recoger la autorización —dijo
K bostezando y se quitó la manta con la intención de
levantarse.
—Sí, ¿y quién se la va a dar? —preguntó el joven.
—El señor conde —dijo K—, no me queda otro remedio.
—¿Solicitar ahora, a medianoche, una autorización
del conde? —exclamó el joven, retrocediendo un paso.
—¿No es posible? —preguntó K con indiferencia—,
entonces ¿por qué me ha despertado?
Pero el joven entró en cólera.
—¡Maneras de vagabundo! —exclamó—. ¡Exijo respeto para la autoridad condal! Precisamente le he despertado para comunicarle que debe abandonar en seguida el condado.
—Basta de comedias —dijo K con un tono llamativamente bajo, volvió a echarse y se cubrió con la manta—. joven, ha llegado demasiado lejos y mañana vol- El castillo Franz Kafka
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veré a ocuparme de su conducta. El posadero y estos
señores serán testigos, en el caso de que necesite testigos. Por ahora conténtese con saber que soy el agrimensor4 solicitado por el conde. Mis ayudantes vendrán
mañana en coche con los aparatos. No quise perderme
un paseo por la nieve, pero por desgracia me he desviado algunas veces del camino y por eso he llegado
tan tarde. Que era muy tarde para presentarme en el
castillo es algo que ya sabía yo mismo ates de su lección. Por esta razón me he conformado con este albergue nocturno que usted, dicho con indulgencia, ha tenido la descortesía de perturbar. Con esto he concluido
mis explicaciones. Buenas. noches, señores.
Y K se volvió hacia la estufa.
—¿Agrimensor? —oyó aún que preguntaban dubitativamente a sus espaldas, luego se hizo el silencio. Pero
el joven se recobró de la sorpresa y le dijo al posadero
en un tono lo suficientemente apagado para interpretarse como una actitud de respeto hacia el sueño de K,
pero lo suficientemente elevado como para que le fuese comprensible:
—Me informaré por teléfono
……………………………………………………..
—Eso aún no es seguro —dijo K—, antes tengo que
conocer qué trabajo quieren que realice. Si tuviera, por
ejemplo, que trabajar aquí abajo, entonces sería razonable vivir aquí abajo. También temo no adaptarme a la
vida arriba en el castillo. Siempre quiero ser libre.
—No conoces el castillo —dijo el posadero en voz baja.
—Es cierto —dijo K—, no se debe de juzgar con anticipación. Por el momento, del castillo no sé más que
allí saben elegir al agrimensor adecuado. Tal vez haya
otras ventajas.
Dicho esto, se levantó para liberarse del posadero
que, intranquilo, no cesaba de morderse los labios.
Desde luego no se podía ganar fácilmente la confianza
de ese hombre.
Mientras K se alejaba le llamó la atención un retrato
oscuro en un marco también oscuro. Ya se había fijado
en él desde su lecho, pero no había podido apreciar los
detalles desde esa distancia y creía que el cuadro
había sido retirado quedando sólo una mancha negra.
Pero, como podía comprobar ahora, se trataba de un
cuadro, el busto de un hombre de unos cincuenta años.
Mantenía la cabeza tan inclinada sobre el pecho que
apenas se podían distinguir los ojos; esa inclinación parecía causada por la elevada y pesada frente y una nariz grande y aguileña. La barba, a causa de la posición
de la cabeza, permanecía aplastada contra el mentón,
pero volvía a recobrar su amplitud más abajo. La mano
izquierda se hundía abierta en los cabellos, como si
quisiese levantar la cabeza sin conseguirlo.
………………………………………….
—Son los ayudantes —confirmó en voz baja el posadero.
—¿Cómo? —preguntó K—. ¿Sois mis antiguos ayudantes a los que dije que viniesen después de mí y a
los que he estado esperando?
Ellos asintieron.
—Está bien —dijo K después de un rato—, está bien
que hayáis venido.
—Por lo demás —dijo K después de otro rato—, os
habéis retrasado mucho, sois negligentes.
—Era un largo camino —dijo uno de ellos.
—Un largo camino —repitió K—, pero me he encontrado con vosotros cuando regresabais del castillo.
—Sí —dijeron sin más aclaraciones.
—¿Dónde tenéis los aparatos? —preguntó K.
—No tenemos ninguno —dijeron.
—Los aparatos que os había confiado —dijo K.
—No tenemos ninguno —repitieron.
—Pero, ¿qué clase de gente sois? —dijo K—. ¿Entendéis algo de agrimensura?
—No —respondieron.
—Si sois mis antiguos ayudantes, tenéis que entender
algo —dijo K.
Ellos callaron.
—Así que esas tenemos —dijo K, y los empujó delante de él hacia el interior de la casa.  El castillo Franz Kafka
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BARNABÁS5
Los tres estaban sentados juntos ante una mesita en
la taberna de la posada, bebían cerveza y guardaban
silencio. K en el centro, a derecha e izquierda sus ayudantes. Había otra mesa ocupada por campesinos,
como en la noche anterior.
—Resulta difícil con vosotros —dijo K, y comparó sus
rostros como había hecho frecuentemente con anterioridad—, ¿cómo os voy a distinguir? Sólo os diferenciáis
en los nombres, en lo demás sois idénticos como... —
se interrumpió y continuó maquinalmente—, como serpientes.
………………………
K se sentó en un banco situado debajo de una ventana, decidido a pasar allí la noche y a no reclamar de la
familia ningún otro servicio. La gente del pueblo, que le
había echado o que tenía miedo de él, le parecía menos peligrosa, pues le impulsaba a depender de sí
mismo, le ayudaba a mantener concentradas sus fuerzas; esos ayudantes aparentes, sin embargo, que en
vez de al castillo le conducían, gracias a una pequeña
mascarada, a su familia, le apartaban de su camino; lo
quisieran o no, trabajaban en la destrucción de sus
fuerzas. Ignoró una llamada de invitación procedente
de la mesa familiar, permaneciendo en el banco con la
cabeza hundida.
……………………………………………………………
—Usted siempre denomina, señor alcalde, mi caso como
uno de los más pequeños y, sin embargo, ha ocupado ya a
muchos funcionarios; si al principio quizá era muy pequeño,
se ha convertido por el celo de funcionarios como Sordini en
un caso grande. Por desgracia, y en contra de mi voluntad,
puesto que mi celo no me lleva a originar columnas de expedientes referentes a mí y a hacer que se derrumben, sino
a trabajar tranquilamente en mi humilde mesa de diseño
como un humilde agrimensor.
—No —dijo el alcalde—, no es ningún caso grande, en este sentido no tienen ningún motivo para quejarse, es uno de
los casos más pequeños entre los pequeños. El volumen de
trabajo no determina el rango del caso; sigue estando muy
lejos de comprender a la administración, si es eso lo que
cree. Pero incluso si dependiese del volumen de trabajo, su
caso sería uno de los más insignificantes; los casos normales, es decir, aquellos en los que no se producen los supuestos errores, dan mucho más trabajo y, por añadidura,
más productivo. Por lo demás, usted no sabe nada del trabajo que causó su caso, de eso quiero hablarle ahora. Al
principio Sordini me dejó de lado, pero sus funcionarios vinieron, se produjeron diariamente interrogatorios de miembros respetados de la comunidad en la posada de los señores, de todos esos interrogatorios se levantó acta. La mayoría me apoyó, sólo unos pocos se quedaron extrañados, la
cuestión de la agrimensura afecta a los campesinos, sospe-El Castillo
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chaban algún acuerdo secreto, alguna injusticia, además
encontraron un líder, y Sordini debió de llegar a la conclusión de que si sometía la cuestión al consejo municipal no
todos se habrían mostrado contrarios a la contratación de un
agrimensor. Así, algo evidente, esto es, que no necesitábamos a ningún agrimensor, se convirtió al menos en algo
cuestionable. En especial destacó al respecto un tal Brunswick, usted no le conoce, quizá no sea un mal tipo, pero sí
tonto y fantasioso, es un cuñado de Lasemann.

Checha, 18 de mayo de 2013