martes, 16 de octubre de 2012

EL SERMÓN DE LA VERGÜENZA



EL SERMÓN DE LA VERGÜENZA

              “Bienaventurados los pobres en el Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos,
               Bienaventurados los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra Prometida,
               Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.....”

      Igual que este sermón de la montaña de Jesús (1),  que contenía las consabidas Bienaventuranzas ( un puñado de claves para alcanzar la felicidad, expresadas en lenguaje sencillo, comprensible para todos)....también el sermón al que me refiero, fue pronunciado al pie de una famosa y bonita montaña.  No creo que el hecho de tratarse de la cima  o del pie tenga relación alguna con la sustancial diferencia, más bien oposición, entre ambos.
    Estas palabras de Jesús, bien podrían haber servido de complemento a un sermón, que, partiendo del pasaje de S. Mateo (2) en el que Jesús alude a la dificultad de  los ricos de entrar en el Reino de los Cielos ( muy a propósito para la época que vivimos),  debía combinar un bautizo (3) con el recuerdo a un difunto.  Sin embargo, el mensaje, dirigido a gente sencilla, desconocedora de engoladas retóricas filosóficas, gente que bien hubiera agradecido unos minutos de sabios consejos para aprender a vivir mejor, dilapidó...
literalmente el contenido de tales enseñanzas ,obviando, sin más, el instructivo contenido del Evangelio. 
    Si las palabras de Jesús hablaban de unión, de aprender a compartir todo con todos; si las bienaventuranzas son, en definitiva, pensamientos ecuménicos , que de una forma u otra podemos  leer en cualquiera de los libros sagrados o textos filosóficos de  las diferentes religiones, nos vímos obligados a soportar cómo un “cruzado farsante”(así fué denominado por una lúcida oyente), emponzoñó, tergiversó, malinterpretó radicalmente su significado, utilizando ridículas armas de falsa filosofía y falsa religión.
   He de puntualizar que os está hablando una ex-practicante, ex-creyente en la divinidad "sobrenatural", pero profundamente creyente en lo divino-humano, en la búsqueda del bien y la felicidad en aquello que nos rodea, dentro o fuera de la religión. Fuí educada en la religión católica y también bautizada. Por desgracia perdí esa maravillosa y envidiable fé, que ayuda a vivir con mayor consuelo los múltiples duros momentos de la vida, aunque jamás renegaré de mis, ya bastante olvidados, conocimientos de la Biblia, ni,  desde luego, de la oportunidad que me brindaron para profundizar en la gran figura de Jesús. Pero no sólo Jesús transmitió  enseñanzas  morales de vital importancia para cualquier humanista, sino también otros líderes religiosos de diversas religiones. Todos y cada uno, con mayor o menor fortuna, han luchado por aportar su granito de arena a la presencia del bien en el mundo. Algo bien diferente han sido las interpretaciones, en muchas ocasiones equivocadas, que se han hecho de sus enseñanzas,  llevando incluso a las terribles guerras de religiones, que tanto mal hacen, y han hecho, al interior y exterior de la realidad religiosa y humana.
    Gritos de guerra fue lo que lanzó este presuntuoso personaje  a ese neonato y a aquella difunta, que bien podrían haberse visto unidos, por la felicidad de entrar en el “bienaventurado” mundo  de lo divino. Despreció la bonita oportunidad que se le ofrecía de presentar una comunidad cristiana unida y unificadora, cercana a los pobres y necesitados,a los sencillos, a los pequeños ("dejad que los niños se acerquen a mí", decía Jesús) . 
    Vendiendo una imagen de profundo conocedor de la filosofía y la teología (4), presentó una  trasnochada idea medieval del mundo, de caballeros armados en busca de herejes (especialmente musulmanes, abundantes en el pueblo) y pecadores.
   Comenzó cargando a nuestro pobre bautizando con un nuevo pecado, inventado como tal, “la concupiscencia” (5), que no se borraría con el bautismo (¡qué suerte tuvimos los no bautizados por él!, ¡un pecadillo menos!) . Según sus palabras, la concupiscencia quedaría como residuo del pecado original (6)  en nuestras vidas.  ¿Imaginaría siquiera nuestro sabioncillo cura que el pecado original  (7) no se habría dado sin concupiscencia, y que la concupiscencia es inherente a lo humano?.
    El sobresalto por descubrir este"nuevo pecado", que ni siquiera se dignó a explicar, habida cuenta de que el término no contaba entre los recursos linguísticos de  la mayoría de los oyentes, aguzó mis oidos , deseosos de escuchar el desenlace del dislate. ¿A qué pecador hubiera tirado la piedra Jesús, por sentir deseo por el placer, por ser humano, simplemente humano?.
   Pues bien, partiendo de esta “curiosa” premisa, de la inminente necesidad de luchar contra el mal, contra todos los manzanos y serpientes existentes, continuó su discurso arremetiendo en nombre de Dios y de la filosofía (¡ambos tengan compasión con él!) contra los infieles, herejes de otras religiones, entre cuyas grandes lacras se encontraba la de no haber sido capaces de expresar sus creencias en lenguaje filosófico, en términos aristotélicos de esencia y sustancia, y no conformándose con ello, acusó al resto de religiones de carecer de filosofía. ¡Por todos los cielos!, ¿tendría este hombre una vaga idea del concepto de filosofía?, ¿sería cierto que en el seminario le habían enseñado que el tomismo aristotélico  contenía los únicos conceptos filosóficos posibles? (8).   Como argumento de autoridad apeló al filosofo español Gustavo Bueno (9), que, autodefiniéndose como ateo católico, agradece a la religión cristiana el hecho de expresarse en lenguaje filosófico (identificado con el aristotélico-tomista) y hacérsele  (a él ) así comprensible (10). Gustavo Bueno llega incluso a afirmar que la religión musulmana no es más que una herejía de la cristiana (http://www.youtube.com/watch?v=muGpqP_Sc7k ), sin plantearse siquiera el gran parecido de dioses de la mitología, de religiones más antiguas, con la judaica, que sería también precedente de la cristiana, esto es, la cristiana sería herejía de la judaica, y así sucesivamente.
 Pero, en cualquier caso, ¿estaba destinado el discurso de Jesús, de ese Jesús que utilizaba parábolas para llegar a todos, sin distinción, a los grandes eruditos, al igual que el de nuestro farsante presbítero?.¡ Pobre gente sencilla, pobres niños, segregados de la comunidad cristiana por el lenguaje!. La buena e inteligente niña sentada a mi lado no paraba de resoplar, yo la hubiera acompañado gustosa, si cabe con más fuerza, tras los treinta minutos  de disparatadas idioteces. Pero el sermón de nuestro “sabioncillo” parecía no tener fin. Me hubiera transportado gustosa junto a Jesús, junto a los niños, a reir y jugar juntos. 
   Los oidos volvieron a chirriarme cuando túve que escuchar, que la religión católica era la única que asumía y defendía el concepto de persona, como individuo libre y responsable (¡flagrante contradicción con la condena fatal a los terribles pecados que nos acompañarían siempre!).  Me limitaré a introducir un par de enlaces acerca de la religión musulmana, ¡vilipendiada y sometida a escarnio en todo el discurso! (11), (12).
    No se distinguió Jesús precisamente, por colocar espadas entre buenos y malos, santos y herejes, sabios y necios. Pero yo sí me atreveré a afirmar que no hay ser más necio que el que trata a sus oyentes como tales, valiéndose de falsos argumentos (13).
    Habiéndo sufrido los tres cuartos de hora de punzadas estomacales provocadas por su sermón, por fín continuó su Santa Misa, parcialmente en latín (desoyendo al esforzado Gonzalo de Berceo que escribió el primer poema en castellano “en roman paladino, en cual suele el pueblo fablar a su vecino”). Omitió obscenos actos, como el de darse la paz (¡podría despertar nuestra concupiscencia), y casi forzó a ancianos artríticos o a personas libres, a adoptar determinadas posturas en el templo.
    Terminaba ya aquel suplicio con la Comunión, pero no dejó de aprovechar el momento para hablar de dinero, de la necesidad de ayudar a la Iglesia, de la necesidad de arreglar campanas  (¡para llamar al pueblo a escucharle, a distorsionar su buena fé, y de paso molestar a los vecinos con su continuo repiqueteo!).
    Mi dulce compañerita y yohabíamos tomado ya la decisión de  salir despacito, a hurtadillas, pero húbo un comentario, que actuó como un resorte, haciéndome correr y  abalanzarme hacia la puerta de salida. Allí se encontraba el sacristán del que estaba hablando el cura. Un sacristán que vendía rosarios y cruces,  muy útiles contra el mal de ojo, “que aunque no os lo creais existe”,fueron las últimas palabras que pude escuchar. Indignación era lo que sentía por aquel payaso farsante, presunto filósofo y teólogo, que ahora intentaba saquear a la pobre gente , basándose en ingenuas supersticiones, carentes de todo fundamento científico .
Imaginé a Cristo echando a los mercaderes del templo (14), lo imaginé diciendo: “aquel que escandalice a cualquiera de estos, mis pequeños,.....” (15).  Imaginé a dos buenos amigos, uno sacerdote, el otro teólogo, alzándose en defensa del pueblo, llamándolo farsante, en nombre de Jesús, en nombre de la verdadera religión cristiana, en nombre de la humana razón .



  

El sermon de la montaña (1)

-Evangelio según S. Mateo, los ricos y el Reino de los Cielos) (2)


-El bautismo, significado (3)

-Gustavo Bueno, ¿qué es la filosofía? (4)

- Concepto de concupiscencia (5)

- El pecado original (6)


El pecado original (7)

-Filosofía, filósofos del Islam (8)

- Gustavo Bueno, biografía (9)

- Gustavo Bueno, filosofía y religión (10)

- Gustavo Bueno, Dios (10)

-La concepción islámica del ser humano, de la persona (11)

-La condición humana en el Islam (12)

- Los diez mandamientos, octavo: no dirás falsos testimonios ni mentirás (13) 

- Jesús expulsa del Templo a los mercaderes (14)

- Jesús, no dividir ni escandalizar (15)






 
Checha, 16 de octubre de 2012