lunes, 16 de enero de 2012

CEREBROS ATROFIADOS

CEREBROS ATROFIADOS



Apariencia sana, lóbulos derecho e izquierdo bien conformados y unidos, tamaño adecuado.....En cualquier radiografía pasarían desapercibidas esas dos fisuras centrales que lo atraviesan de parte a parte, casi imperceptibles a miradas acríticas o a tantas otras miradas también distorsionadas por la misma tara cerebral.
   En un sistema democrático como el nuestro, es la mayoría la que decide, lo razonable y aceptable lo que la mayoría piensa (o quizás no piensa), también la mayoría decide sobre la salud y la enfermedad, por lo que esas dos fisuras generalizadas no serán consideradas anómalas, la carencia de las mismas sería antes bien lo enfermo, lo desviado.
   Aun en franca minoría y arriesgando el rechazo generalizado a mi diagnóstico, me arriesgaré a dar un nombre a tan maligna enfermedad: SIVIMO (Síndrome de Visión Monetaria).
   El cerebro humano, con tantas sinuosidades y recovecos, sigue y seguirá siendo nuestro gran desconocido. Detectar esos dos sutiles rasguños paralelos entre una masa de células arrugadas que se retuercen sobre sí mismas es harto complicado, y aún más lo es constatar que el símdrome ha experimentado un crecimiento desorbitado en los albores del siglo presente y, factores como la globalización económica o el escándalo consumista, son caldo de cultivo para una plaga que podría ser imposible erradicar.
   Así como cualquier toxicomanía no puede ser tratada sin que el paciente reconozca la enfermedad y destine todos los esfuerzos de su voluntad a desear curarla,  este síndrome desconocido e imperceptible para la mayoría, seguirá minando las bases mismas de la convivencia pacífica -entre los humanos.
“Tanto tienes, tanto vales” ha sido y será baluarte de muchas vidas, de una forma muy común de estar en el mundo. Sin embargo, pese a su íntima relación con este lema de índole a-moral, nuestro síndrome se relaciona sólo tangencialmente con él, porque va mucho más allá, porque no afecta únicamente a las relaciones interpersonales, sino que condiciona radicalmente la misma relación del individuo con en entorno, su microforma de estar en el mundo.
   Parece como si los afectados por esta “dolencia” poseyeran una especie de cristalino inflexible, una suerte de aureas cataratas, dueñas de sus decisiones e inhibidoras de cualquier actitud desinteresada y altruista. Controladores de todos sus deseos, de sus aprisionados impulsos de felicidad, están incapacitados para congratularse con cualquier actividad que implique el más mínimo desembolso económico. La felicidad, el disfrute que pudiera proporcionarles a sí mismos o a los que les rodean, se nublaría y oscurecería, se tornaría remordimiento y descontento.
Estos pobres desgraciados no pueden admirar la belleza, comprender el arte, la ilusión por materializar pequeños deseos. A todo, a todos, le ven un precio. Pero no son conscientes del gran precio que ellos mismos estan pagando: su constante insatisfacción en aras del futuro.
   Y es que, por entre las aureas cataratas atisban algo, algo incierto y que nadie conoce, posible pero inexistente, tan irreal como cualquier espejismo visual. Es lo único que ven y por tanto, lo único que los mueve: el FUTURO.
¿Llegará alguna vez ese futuro?. No saben que si llega será igual de mezquino y oscuro que el presente, pues tampoco serán capaces de reconocerlo, pues seguirán esperando y anhelando otro futuro, el futuro del futuro.
   Los enfermos de SIVIMO son pobres, siempre serán pobres, por muchas riquezas materiales que posean. La vida les concedió un talento que atesoraron y enclaustraron para no perderlo. No supieron permitir que se multiplicase, que diera frutos. Ahí lo tienen. Es su presente y será su futuro, su único tesoro para su único ser.
   ¡Cómo desprecian estos insensatos en su falsa conciencia anticonsumista a los que disfrutan con honradez de lo poco o lo mucho que tienen, de lo que les ha dado la vida! (aunque en su fuero interno envidien profundamente a los satisfechos, a los felices). Si malsano es el consumismo que desea poseer y poseer, que corroido por la envidia del que más tiene no descansa hasta superarlo, cuya vida se resume en deseo insatisfecho y dolor, ¿no será aún más triste inhibir el disfrute de “lo que uno puede”, justo en su medida?. ¿No es bonito con-sumir com-partiendo?. La partícula “con” incluye al otro, implica participación. “Con” dá y recibe, se mueve, fructifica, se vacía y se llena, se renueva, porque está “sumido” en la vida.
“Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. Esta hermosa verdad está vedada a sus ojos y oidos, a sus supuestamente progresistas mentes. Se dicen comunistas, socialistas, y no saben que son  capitalistas pero inconscientes, detractores de un capitalismo del que está transido su cerebro.
   Ya que una imagen vale más que mil palabras, con sólo girar 90 grados la imagen que ha abierto esta reflexión, obtendremos un claro resumen de todo lo expuesto:


 ¿Entendeis ahora?
Checha, 16  de enero de 2012