miércoles, 4 de enero de 2012

LO BELLO Y LO FEO

LO BELLO Y LO FEO
Esperaba que alguien hiciera alusión a la bonita imagen que inserté en la entrada “Concierto para instrumentos desafinados”. Es una imagen de Bronzino que expresa en toda su crudeza la desesperación de un hombre que desearía arrancar su cabeza a pedazos para dejar de sufrir las luchas internas que se desarrollan en ella, para encontrar la paz con ese pedazo de su cuerpo, que en definitiva lo es todo y condiciona su vida entera. Su boca abierta grita, sus ojos desencajados están inevitablemente volcados hacia dentro, hacia el interior de su alma desvencijada.
      Quizás alguien se pregunte, ¿y llamas a eso bonito?. En respuesta no voy a dar una disertación sobre estética, tampoco sobre la inevitable relación que tiene con la ética (las tendencias estéticas no dejan de ser costumbres adoptadas por grupos humanos en un tiempo y espacio determinados), y ello, simplemente, porque me siento tan incapaz como el resto de mis congéneres de definir qué sea lo bello.
   No obstante, cargada de humildad y de dudas, intentaré acercarme a lo bello desde su negación, desde lo que el común de  la gente llama “feo”, o “anodino” o “paparrucha” , o comenta lo peor que se puede decir de una obra: “¿y esto es arte?. Pues no todo lo que se coloca en un marco, o se introduce el la sala de un museo, o se le añade una firma, o se le adjudica un numerito en una exposición, es arte. Intuitivamente diría que el arte lo es, cuando para serlo no requiere de explicación alguna. Las explicaciones podrán añadir belleza a lo bello, en tanto nos aportan datos que añaden valores a lo que de por sí ya lo tiene. Una linea negra sobre fondo blanco con un pequeño rayajo rojo a la izquierda, podrá expresar los sentimientos de alguien, no lo niego, podrá querer expresar una oscura trayectoria vital, surcada por una gran pasión, ¿por qué no?. Pero el mero hecho de expresar sentimientos no es arte. Podemos expresar nuestro interior con belleza o sin ella.
  Supongo que recordareis aquel caso publicado en televisión en que se proveyó a un grupo de escolares de seis o siete años de todo tipo de pinturas, se les colocó delante un lienzo y se les permitió pintar lo que quisieran, sin orden ni concierto. Todos pudimos ver las imágenes de estos pequeños artistas entusiasmados, destrozando ceras y lápices a fuerza de apretar. El resultado fue un cuadro de gran colorido, que una periodista, poniéndole el marco adecuado, introdújo subrepticiamente en un famoso museo, colocándolo en una de sus galerías. Permaneció allí para entrevistar a los visitantes. Les preguntó qué veían en el cuadro, y la seriedad y profundidad de sus respuestas provocaba gran hilaridad: “refleja una gran trayectoria vital”, “cuadro muy elaborado en el que se superponen los colores para dar sensación de perspectiva”.....También les preguntó si serían capaces de pagar una suma de 200,000 euros por el cuadro. Todos coincidían en que lo elaborado del cuadro podría merecer tal suma o una mayor.
Pero no nos engañemos, los visitantes veían lo mismo que vería un niño si le preguntaran: un montón de colores meclados; sin embargo, que el cuadro estuviera enmarcado, que tuviera una firma, que estuviera situado en un prestigioso museo, les hacía concederle la importancia y el valor de que carecía, e incluso arriesgaban enrevesadas interpretaciones haciendo de entendidos intelectuales .
     En cierta ocasión, visitando la sección de arte moderno del Centro Pompidou de París, caímos literalmente exhaustos, con un terrible dolor de pies , en el único banco que había, frente a un enorme cuadro gris con pintitas de colores, que ocupaba casi todo el frontal de la pared.  Lo recuerdo como uno de los momentos más divertidos de aquel viaje. Media hora riéndonos delante de un horroroso cuadro, no sé si por cansancio o por los pedantes comentarios que escuchábamos a nuestro alrededor.
      Cierto que la visión estética cambia de época en época, que los gustos sociales e individuales dependen de gran cantidad de factores, pero, ¿no existirá una carácterística universal capaz de poner límites a ese gran saco en el que parece caber todo?.  La exposición Manifiesta 8, en la que se gastaron muchos miles de euros de las arcas públicas, constaba de varias salas, una se componía de varios kilos de naranjas, limones y granadas extendidos arbitrariamente por el suelo; la otra era una sala completamente rosa, en la que al introducirte no veías nada que no fuera ese color imperante; la sala pornográfica constaba de una gran columna, de unos seis metros de largo, tumbada en el suelo, que ,por lo que nos explicaron. representaba un gran pene......
    Y no es que lo bello haya de representar una imagen armónica, perfecta, bonita (Saturno devorando a su hijo es feo y las Meninas horrorosas), tampoco que haya de representar una realidad tangible, ¡no!. Pero sí ha de provocar entendimiento, empatía sin explicaciones, la respuesta ingenua de un niño que pudiera decir: ¡qué bonito!-
No quiero dejar de compartir con vosotros una imagen que siempre me ha impactado, que refleja con exactitud el nombre que le puso Buonarotti: “El alma dañada”. Os aseguro que cuando os llora el alma, cuando sentís un dolor insoportable en vuestro corazón, no podreis imaginar una representación más fidedigna que ésta. Provoca sentimientos, empatía, identificación..... ¡es bella!, ¡es arte!.


Checha, 4 de enero de 2012