lunes, 28 de noviembre de 2011

MIS PASAJES LITERARIOS FAVORITOS


No serán los mejores ni los más famosos (aunque algunos sí bastante conocidos), tampoco serán los más bellos, pero son los míos, los que de una manera u otra han calado en mi vida y pensamiento.
    Comenzaré por rey de mis favoritos, el que he leído y releído en alemán , en español, y cuya relectura siempre es asignatura pendiente, no únicamente por el placer que me reporta, sino porque añade continuamente una nueva visión, un nuevo pensamiento a la lectura anterior.
    El rey del absurdo analiza como nadie una sociedad complicada, burocratizada, ante la que el individuo se siente solo, indefenso, incomprendido e incapaz de aprehender el hilo conductor a la salida  por los vericuetos del laberinto. Así, el ser individual se ve convertido en un bicho (La Metamorfosis), despreciado y arrinconado por los otros, los que sí han subido al tren. ( Recuerdo aquel excelente pasaje de El Tragaluz de Buero Vallejo, en el que el pobre viejo “loco”, sentado ante su tragaluz, se va preguntando por la identidad de los transeúntes, ¿quién es ese?; oye pasar el tren y se pregunta por la identidad de los pasajeros).
     Desde luego, habréis adivinado que hablo de Kafka. Sí, el de “La Metamorfosis”, “El Castillo”, “América”, “El proceso”, etc.

     El pasaje que os propongo pertenece a El Proceso, obra inconclusa y publicada póstumamente por Max Brod en 1925.  Quizás sea este el pasaje más conocido de toda la obra kafkiana, precisamente por su capacidad de representar en una breve anécdota  la concepción del mundo del que lo engendró.
La transcripción del pasaje, tanto en alemán como en español, la encontrareis en dos enlaces al final de esta entrada.


ANTE LA LEY

    Junto al desmantelamiento y crítica a una sociedad que se regocija en ir poniendo y cerrando puertas, que únicamente pueden ser abiertas por sobornadores, chantajistas, prevaricadores…(¡qué terriblemente actual resulta esta imagen!), nos encontramos ante un sutil análisis del concepto de libertad. Somos y no somos libres. Los prejuicios, el miedo a la autoridad, nos hace suponer que nos está vedado el acceso, que no podemos atravesar la puerta cerrada. Tan sólo con la vista del guardián se nos encienden todas las alarmas de nuestro bagaje cultural, de nuestra historia, de las historias de nuestros congéneres, que apuntan a la imposibilidad de franquear el obstáculo. El  peso de esos valores culturales nos paraliza, hace que no veamos otra salida que la autocompasión por nuestra condición humana, predestinada a no realizarse como tal en un mundo deshumanizado.
     Y sin embargo, contra toda predicción, el guardián nos anuncia que esa puerta estaba abierta, es más, que era nuestra puerta, y que ahora, por no haber “querido” pasar va a cerrarla en nuestras narices.
     Esta es la gran revancha del destino: nos golpea por no haber sabido hacernos sus dueños.

                          Checha, 28 de noviembre de 2911


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