jueves, 24 de noviembre de 2011

EMBRIAGADOS DEL CHATEO

Hacía poco que había incluido en los contactos de mi correo a mi sobrinita, una niña dulce, franca, ingeniosa y creativa, además de lista, una niña con cuya relación se aprende más que en la lectura de cien libros.
     Ocupada en alguna ciber-lectura, me sorprendió un cuadradito inferior en mi ordenador que me invitaba a chatear. Era ella, y no pude resistirme. Presioné el botoncito y la dejé pasar. Nunca  antes había chateado, y es probable que no lo vuelva a hacer. Voy a intentar reproducir someramente aquella conversación:

-Hola tiita
-Hola guapa
-M ncanta  l correo q m as scrito
-Pero, ¿por qué escribes tan mal?
-No sé, mis amigas m an nseñado a chtar así.
-¿Sabes?. Yo nunca chateo, y creo que estás tan borracha de chatear que te comes las letras.
-Ja,ja, ¡estas loca!- me dijo, y esta vez comenzó a escribir bien.
-Bueno, la otra posibilidad es que en tu colegio alemán no sepan español y te enseñen mal.
-Ja,ja. ¡Tita, qué divertido, me encantan tus bromas!


   Pero no se trataba de una broma. Estoy convencida que la gran broma vendrá cuando nuestros jóvenes escriban con tantas faltas de ortografía que sea imparable su influencia sobre la progresiva desaparición de determinadas consonantes, como la uve y la hache, en el idioma español.
   Los hay tan optimistas que opinan que no es más que un registro, parecido a una jerga, en la que los hablantes son plenamente conscientes y capaces de cambiar de registro en cualquier momento.
   Yo me quedo con el símil de la embriaguez. Estos muchachos ebrios de botones, ordenadores, plays y demás, no son mínimamente conscientes del peligro de trasladar estas aberraciones lingüísticas a su uso cotidiano de la lengua.
     ¿No es de esta forma como van evolucionando las lenguas?, ¿no es así como se van empobreciendo?.

   Atrás quedaros las largas misivas con obligadas estructura y cohesión. Asimismo obsoleto ha quedado el bonito lenguaje epistolar, aquellas cartas de amor que nos hacían vibrar y enamorarnos de las mismas letras que las componían.

      No me resisto a transcribiros algunas partes (pues es muy larga) de una maravillosa carta de amor dirigida a mi abuela, que encontré no hace mucho entre mis viejos recuerdos. Así pues, en memoria de mi abuelo, aún sin su permiso, os haré partícipes  de los sentimientos de un hombre enamorado:

Querida Inés:
Cuando aún conservo en mi vida el eco de tu voz, me he puesto a escribirte una carta que tal vez hace tiempo debí haber escrito.
Mis amigos me llaman el escribidor porque, cuando quiero entrar en la confidencia, entro mejor con pluma y papel que con palabras. Esta carta quiero que sea eso, una confidencia.
Hemos estado años juntos sentados en el mismo pupitre. Hemos hablado de toso y nos hemos reído con todo. Sin embargo, sentí entonces y lo he sentido después, que mis palabras se han tapado ellas solas muchas veces, y han disfrazado mis sentires, su sentido. He querido decir matizando, y lo que he hecho ha sido desbaratar la expresión. Y como las palabras y los afectos van de la mano, mientras te quería, te hacía daño y me hacía daño. Y cuanto más acercarme a ti quería, más me traicionaba a mí mismo, porque con palabras me disfrazaba sin darme cuenta, alejándome de ti, que es lo que no quería.
……………..
Si supieras las veces que he intentado abrirme el corazón para que me dejaras tú entrar en el tuyo……..
No es mi soberbia lo que me lo ha impedido, sino aquello por lo que soy soberbio: el laberinto de mis complejos, mi historia. Nos pasa a todos. Hay un meollo por los adentros que nos tira de las bridas del alma, y mientras el alma necesita amar, hay un demiurgo traicionero que la retiene y condena a la más desabrida de las desesperaciones.
No sólo te he querido y te sigo queriendo, Inés, siempre te valoré como valor que vales. Tal vez mi estupidez me haya impedido otras veces decírtelo, o haciéndome el fatuo, fingiera un cierto desprecio hacia ti. Créeme: me gustaría estar cerca de ti porque eres verdadera, bella y buena, o lo que es lo mismo, no tienes doblez, eres guapa, y en tu corazón prácticamente cabe todo el mundo. Yo no soy así del todo, y ello a veces me apena, como me apena el no haberte cogido las manos y haberte mirado con los ojos que ahora me veo. Están transparentes y miran de frente, limpiamente.
Te pido que me contestes, pero como acabo de decirte, de no hacerlo es como si lo hubieras hecho…….
Un beso
Angel.

Ojalá en los años venideros alguien pueda encontrar en algún rincón perdido unas frases de amor tan bellas, capaces de derretir el alma de mi abuela, tan rebosantes de sentimientos apropiadamente expresados, en un castellano intachable, con haches, con uves y con la “qu” completa con la que se escribe querer.


                                           Checha, 24 de noviembre de 2011