lunes, 20 de julio de 2020


Que no te duelan mis versos































Que atemperen tus sentidos
den fresco aliento a tus caminos,
acaricien suavemente tus mejillas
y brillen con sana alegría.

Mas siempre se escapa,
un rastro de triste melancolía.

Acolcharía tus pies
de arena dorada y fina,
te apretaría en mis brazos
si en intrincados retazos
el suelo hiriera tus pasos.

Mas se incrusta,
se entrevera,
la triste melancolía.

Pondría vendas a tus ojos,
apartándolos de despojos
que rajaran tus pupilas
tan hermosas y extendidas.

Mas viene al pronto,
se infiltra,
la triste melancolía.

Vendaría tus manos en sedas
y aterciopeladas telas,
que no rozaran siquiera
el airado viento,
el duro despecho,
el mas sutil tormento.

Mas se acerca,
parasita,
la triste melancolía.

Comería tus labios
a fin de que no bebieran
tragos y jugos amargos,
solamente advirtieran
la dicha inmensa
de mi solícito beso,
profundo,
penetrante,
intenso.

Mas queda el solaje agrio
de triste melancolía.

Y si presente ahí está,
asumamos
que duele la vida,
duele,
que los versos
que son vida
no dejan de transmitir
el hálito corcusida
de triste melancolía.


Checha 20 de julio de 2020


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