Bajo mis uñas
Uñas sonrosadas,
un poco rasgadas,
sobre la vítrea capa de piel,
aforan la carne viva,
cúmulo de nervios aflorados,
sensibles al calor,
a la fiel caricia,
al insensato pinchazo,
al crudo dolor.
Sabias protectoras,
respaldan delicadas manos,
esas que a veces
escriben versos de amor,
inventan cuadros abstractos
o, ceñidas al azadón
mullen la tierra compacta,
infiltrando pompas huecas
donde asienten las semillas
en expansión germinante,
gestando porvenir,
abriendo futuro
siempre errante.
A ratos se enervan,
arañan, desgarran,
defienden su pulpa sagrada,
como escudos inviolables
de una sensible sustancia
susceptible a la muerte
a quedar inerme,
al cruel ataque
de rapaces lacerantes,
sádicas y salvajes.
Uñas quisiera en mi cuerpo,
uñas de hierro y acero,
inmensas uñas insertas
en el cuero que rodea mi
cerebro,
y aún más grandes las
querría,
más potentes, ponzoñosas,
en ese lugar sangrante
que a un tiempo vive y muere,
al instante,
uñas en mi corazón,
apacible,
anhelante.
anhelante.
Checha, 23 de julio de 2020

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