jueves, 2 de abril de 2020


Con un beso lo supiste























Ese broche bermellón
en tu mejilla,
ese clavel de aroma
enamorado
lo puse yo a hurtadillas,
engalané
tu rostro demacrado.

Fui yo la que velé
tu noche oscura,
estrechando tu mano
entre mi pecho
para ahuyentar
tu miedo soterrado,
para alentar
la esperanza
en tu barbecho
tan agrietado,
tan deshecho.
Un leve movimiento
de tu cuerpo
respondió a mi impulso
irreprimible,
agradeció
este gesto tan convulso,
sonrió en inconsciencia desatada.

Me amó tu silencio,
me abrazó el latido de tu pulso.

Amaneció la vida
por tus venas,
despertaste de un letargo
impaciente
y supiste,
supiste que eramos dos,
dos almenas en la torre solitaria,
estrecha y muda,
en el cruel letargo
constrictor y amenazante,
hacia la fuerza poderosa
y desentumecida.

Checha, 2 de abril de 2020



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