sábado, 25 de abril de 2020


A veces, me duele la vida































Desespero al lidiar
con analfabetos de sentimientos,
me canso,
me canso.

Se esfuma el dolor ajeno
frente a esos robots articulados,
su yo se alimenta
de cadáveres muertos,
hundimientos, desgracias
que espuman sus cuerpos carroñeros.

Ególatras malditos,
subís y baja el mundo,
que cede a vuestros pies
pesados, plomizos.

Ojalá os quemara el sol,
os atrapara un rayo airado,
y vieran mis ojos
una súplica de ayuda,
solos con vuestro ego
petulante y destrozado.

Cabezas huecas sin pensamiento,
pertrechadas de prejuicios,
con pasados denigrantes,
que no pudieron derrotar,
los vientos sanadores,
compasivos, refrescantes.

Amargura siento
de luchar con piedras,
pesadas y duras,
estanques de putrefactas larvas,
de bacterias disfrazadas,
moho letal
violencia
maldad,
cuerdas repugnantes
a mi amada libertad.

Me duele,
más hondo que mi pecho,
es mi alma la que grita,
no hay calmantes,
habrá que caminar lento,
otro despiadado trecho

Checha, 25 de abril de 2020


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