lunes, 9 de diciembre de 2019


El execrable jardín de los tristes






















De aquellos años de ufana,
requerida, más que sobrada,
ansiosa de recogimiento y huida,
de una brizna de aislamiento,
no queda nada,
nada.

Los ecos de lo que fui
y un aplastante presente
me convierten en estatua,
inerte y oxidada,
a la ingrata espera
de una mirada a lo alto
que sobrevuele mi efigie derrotada,
cansada,
de volar a mares muertos
y no flotar en la sal rosácea,
privada
de una sonrisa refulgente
una grata discusión ,
una mirada profunda,
de calor,
de comprensión.

Vientos cálidos del sur,
llevadme,
abrazadme,
mimad a este brote tierno
que en la nada se perdió.

Sabed que fui algo,
hoy me llaman soledad,
caí en el execrable jardín de los tristes,
no me puedo levantar.

Checha, 9 de diciembre de 2019



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