El
execrable jardín de los tristes
De
aquellos años de ufana,
requerida,
más que sobrada,
ansiosa
de recogimiento y huida,
de una
brizna de aislamiento,
no
queda nada,
nada.
Los
ecos de lo que fui
y
un aplastante presente
me
convierten en estatua,
inerte
y oxidada,
a
la ingrata espera
de
una mirada a lo alto
que
sobrevuele mi efigie derrotada,
cansada,
de
volar a mares muertos
y
no flotar en la sal rosácea,
privada
de
una sonrisa refulgente
una
grata discusión ,
una
mirada profunda,
de
calor,
de
comprensión.
Vientos
cálidos del sur,
llevadme,
abrazadme,
mimad
a este brote tierno
que
en la nada se perdió.
Sabed
que fui algo,
hoy
me llaman soledad,
caí
en el execrable jardín de los tristes,
no
me puedo levantar.
Checha,
9 de diciembre de 2019

No hay comentarios:
Publicar un comentario