Ave Fenix
Volaba alto el cretino,
pensando que en el camino
no hallaría desconsuelo.
Volaba alto, muy alto,
escuchaba el rugir de las montañas,
el graznido de las águilas,
el suave fluir del viento
y el sonido de sus alas,
aleteando,
exultantes de vida y sueño.
Volaba alto y cayó
como el que tropieza,
por no atender el camino,
confiando en un destino,
que a veces entraña dolor.
Y fue a dar en el infierno,
en esas llamas calientes,
ardientes, infalibles destructoras
de rastro vivo y humano,
sanadoras del presente,
del pasado y de un futuro muy ufano
que ha de ser ya pura muerte.
Resistiose el alma a tal suerte,
aún había de resolver
enigmas de vida y sombras
oscuras y acinadas
con tareas asignadas
a su presencia en la tierra,
al fluir de su fuerza impaciente.
Se revolcó en sus cenizas,
voltó y voltó en esa nada
triste y más que desolada,
Voltó y voltó en la espesura,
voltó y voltó con premura,
Y halló un rescoldo de
amor,
un trozo de paz cansada,
mas rebosante de ganas,
ganas de resurrección.
Y rogole a las estrellas
Y oró al cielo sublime
e imploró al sol cotidiano
radiante, artífice de lo sano.
Lenta y pertinaz,
ansiosa y audaz
fue la tarea de los dioses,
de dar vida a corazones,
que se rebelan al
llanto
y elevan su dulce canto
y así como por encanto
despiertan a nuevos sones.
Checha, 6
de mayo de 2018

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