Sol
Si
esa planta tan frondosa,
tan
verde y esplendorosa
no
me deja divisar
más
que un rayito de sol.
Siendo
el sol el protector,
el
que extiende sus raices
y
sus hojas multiplica
cuidándola
con fervor,
lo
amaré por dispendioso
por
ser él tan generoso
hálito
de mi corazón.
No
seré la que la corte,
buscando
abrazar al sol,
que
si te acercas te quema
y
en cenizas te deshace.
Agua
a la planta apacible
y
ojo al sol reluciente,
la
una verdea mi vida
el
otro me la estremece.
Sol
y vida se disuelven,
eternos,
perpetuos,
efusión
de júbilo
radiación
de puro amor.
Checha,
11 de marzo de 2018

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