domingo, 11 de marzo de 2018


Sol



Si esa planta tan frondosa,
tan verde y esplendorosa
no me deja divisar
más que un rayito de sol.

Siendo el sol el protector,
el que extiende sus raices
y sus hojas multiplica
cuidándola con fervor,

lo amaré por dispendioso
por ser él tan generoso
hálito de mi corazón.

No seré la que la corte,
buscando abrazar al sol,
que si te acercas te quema
y en cenizas te deshace.

Agua a la planta apacible
y ojo al sol reluciente,
la una verdea mi vida
el otro me la estremece.

Sol y vida se disuelven,
eternos, perpetuos,
efusión de júbilo
radiación de puro amor.

Checha, 11 de marzo de 2018






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