A
hurtadillas
A
hurtadillas entré en la habitación.
Todo
callaba.
Las
huellas de mis pies mojados
palpitaban
temor.
Me
deslicé ocupando la estrecha franja
que
ofrecía la cama.
Grandes
ronquidos rompían el silencio callado,
tan
anhelado.
Sola
frente a ese rugir estruendoso,
un
horror indescriptible se apoderó de mí.
Quizás
fuera premonición de lo que vendría,
de
sus agrias cantatas,
de
sus gritos prensados,
de
sus toscos modales,
de
su espada empuñada.
Deslicé
mis pies entre las sábanas
y
furtivamente salí de aquellla habitación.
No
era la mía.,
solo
una puerta entreabierta, más allá,
un
estrecho muro, derritió mi temblor.
Me
acosté y la serenidad me abrazó,
me
besó, me arrulló.
Plácidamente
me confundí en sus brazos.
A
hurtadillas, a hurtadillas descansé.
Checha,
27 de marzo de 2018

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