miércoles, 28 de marzo de 2018


A hurtadillas



A hurtadillas entré en la habitación.
Todo callaba.
Las huellas de mis pies mojados
palpitaban temor.
Me deslicé ocupando la estrecha franja
que ofrecía la cama.
Grandes ronquidos rompían el silencio callado,
tan anhelado.
Sola frente a ese rugir estruendoso,
un horror indescriptible se apoderó de mí.
Quizás fuera premonición de lo que vendría,
de sus agrias cantatas,
de sus gritos prensados,
de sus toscos modales,
de su espada empuñada.
Deslicé mis pies entre las sábanas
y furtivamente salí de aquellla habitación.
No era la mía.,
solo una puerta entreabierta, más allá,
un estrecho muro, derritió mi temblor.
Me acosté y la serenidad me abrazó,
me besó, me arrulló.
Plácidamente me confundí en sus brazos.
A hurtadillas, a hurtadillas descansé.

Checha, 27 de marzo de 2018




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