domingo, 6 de agosto de 2017

Nada



Intentó abrir los ojos, pero una capa enmarañada se lo impedía. Volvió a cerrarlos y sintió punzadas agudas hacia adentro, como agujas afiladas. Se asustó. Cuando por fin pudo desprender sus pestañas se percató de que una telaraña espesa le impedía el movimiento. Susurró: dios mío, mis ojos. Nadie podía oirla. Lloró. Lloró tanto que el agua fue disolviendo los enredados hilos y pudo vislumbrar a duras penas la habitación oscura.
Acertó a ver una enorme araña posada en su nariz. Gritó. Nadie la oía. La aprisionó con todas sus fuerzas, y a base de tirones consiguió desprender toda la tela. Abrió los ojos y los volvió a cerrar. Ahora nada le impedía que los abriese, pero no quería. ¿Para qué?- pensó. Hoy será igual que ayer. Una fuerte punzada arreció su corazón.


Checha 5 de agosto de 2017