martes, 25 de marzo de 2014

PODEMOS


PODEMOS



“Hay quien sólo reza a Sta Rita cuando llueve”- dice el refrán.
Afortunadamente, parece que vamos despertando, que nos vamos concienciando de que las vacas gordas pueden adelgazar, y hay que ser precavido.
 El letargo político-social que venimos asumiendo acríticamente, sin rebeliones, sin oponer resistencia a la vulneración de nuestros más sagrados derechos, parece que empieza a desperezarse. Se comienza a vislumbrar un renacer lento, paulatino, de nuestra conciencia social, ésa que no sólo vela por los intereses propios, sino también por los ajenos, a sabiendas de que serán los propios.Esa que mira también hacia abajo, porque sabe que también puede caer, esa que se solidariza con el que hoy no puede vivir a un nivel de dignidad humana.

¿Llegaremos un día a liberarnos de esta sociedad que castiga al manipulado, al prevaricado  y no al manipulador o prevaricador, donde el corporativismo prima sobre la justicia?.

La mayoría somos conscientes de que las claves de una sociedad de bienestar, del buen funcionamiento de una democracia real son, básicamente, la sanidad y la educación.
No tenemos derecho a reducir gastos indiscriminadamente, sin hacer primero funcionar correctamente los mecanismos de inspección. Mecanismos que, amparados por un sistema judicial independiente, no se cebarían con los desamparados, sino con los corruptos que vulneran e impiden que los derechos de aquellos se hagan realidad.

¿Cómo hacer llegar la educación, garante imprescindible de libertad y responsabilidad individual y social, a todos los individuos, si estamos privilegiando inversiones en instituciones privadas y desatendiendo los mínimos necesarios para el buen funcionamiento de lo público, de la educación a la que tiene derecho cualquier individuo?.
Sin ahondar demasiado en esta cuestión, hemos convertido los dos últimos años de enseñanza universitaria (que subrepticiamente se han venido a denominar “master”), en res privada, sólo accesible a individuos con capacidad adquisitiva suficiente para poder pagar la “posibilidad” de acceso  al mercado laboral, extremadamente competitivo, plagado de individuos preparadísimos y esforzadísimos por hacer “curriculum” y poder meter un pie sin ser pisoteado por los “apadrinados”.

Del mismo modo funciona (mejor dicho, ha dejado de funcionar por corruptelas a todos los niveles) el ámbito sanitario. Un servicio de salud admirado y que se preciaba de ser uno de los mejores del mundo, debido a su atención indiscriminada a la salud de TODO aquel que necesitara sus prestaciones, va lentamente privilegiando a adinerados y corruptos. Se desprotege a los que realmente lo necesitan, se priva de derechos a algunos usuarios, desproveyéndolos de voluntad propia y manipulándolos por parte del sistema o personas cercanas, haciéndoles luego pagar el pato de los graves errores cometidos por los que les han arrebatado su voluntad, que quedan impunes, y salen “de rositas”.

La responsabilidad sobre cualquier decisión libre y voluntaria debería recaer indefectiblemente sobre aquel que ha tomado una decisión (en caso de que la justicia fuera justa), y nunca sobre la víctima, privada de libertad y toma de decisiones, por mucho que sea la que cotiza al sistema.  Este hecho es un telón de Aquiles que fomenta la prevaricación, la usurpación de la libertad ajena, y sólo sería combatible si fuera el usurpador el que tuviera que acarrear las consecuencias económicas, sociales o judiciales derivadas de su propio malhacer. Aparte del honrado y muy loable personal sanitario, ahí están los especialistas en poner chips, en marcar animalitos, engordarlos y llevarlos al matadero.


Así pues, luchemos, sigamos luchando por una justicia justa y libre, que penalice al culpable y no a la víctima.
Dicho en román paladino, “si tu hijo te roba el carnet de conducir y comete una infracción, has de ser tú el aparado por la ley, como víctima de robo y desconocedor de sus intenciones”.


Roguemos todos a Santa Rita por que no llueva, pues, si llueve, caerán “chuzos de punta” y espero que atinen a clavarse donde tengan que hacerlo.

Checha, 25 de marzo de 2014