sábado, 15 de marzo de 2014

MEMORIAS DE UN TRANVIA



MEMORIAS DE UN TRANVÍA




- ¡Hijos de….!, oí a una pobre madre ucraniana que arropaba como podía a su bebé  con el leve calor que desprendía su aterido cuerpo.
Miraba y volvía a mirar el folleto informativo del tranvía, día 15 de noviembre de 2013, ¡aquí pone que el último tranvía hacia los Jerónimos llega a las 10.40!, ¿habrá algún aviso de retraso?, ¿algún folleto de cambio de horarios?.
¡Joder!, 6º en este descampado!.
- Oye, me pregunta, ¿tú sabes algo?. Levantando levemente la cabeza, que había introducido entre las piernas en posición fetal, para que llegara un poco de sangre a mis miembros dormidos, contesté: ¡No tengo ni idea!, pero no nos vamos a congelar ninguno de los tres, se lo aseguro. Si no llega en un cuarto de hora, llamo a un taxi y salimos de este infierno.
- Bueno, respondió la mujer insegura, primero llamaré al teléfono de incidencias que hay aquí, quizás nos digan algo.
(la pobre mujer temía el facturón, que probablemente consumiría el sueldo ,dignamente ganado durante el día).
-Oiga, por favor, estoy en la parada de los Rectores, y el tranvía que tenía que llegar a las 10.40 no ha pasado. Nos helamos de frío.
-Señora, el último tranvía hacia los Jerónimos pasaba a las diez.
La mujer no respondió, su rostro palideció aún más. Abrazaba a su bebé, y con su chapurreo español comentaba: ¡no puede ser!, ¡no puede ser!.
La miré, y silencié una maldición a las oportunistas elecciones municipales, que siempre tienen que inaugurar algo, como sea, funcione bien o mal, ¡promoción del partido!. Acto seguido cogí mi móvil, las 23.15, llamé a un taxi.
Cuando llegó la invité a montar con su bebé. Bajaron en Guadalupe. Tras múltiples ruegos de compartir los costos, me negué. Múltiples agradecimientos.
Llegué a casa, tras pagar la bromita de 10 euros, y casi me introduzco literalmente en la chimenea.

Soy de la condición de escuchar también a los desoídos, aunque se trate de simples aparatos. Mi ordenador lo sabe. Jamás le he pedido perdón por mis múltiples agravios, quizás porque no lo necesite, porque sea consciente de las múltiples putadas que le he sufrido pacientemente. O quizás, lo más probable y lógico, sea porque los aparatejos no tienen derecho a réplica.
¡ESTA ES LA NUESTRA!, ¡A POR ELLOS!.
No obstante lo anterior, os voy a relatar, lo más fidedignamente posible, la conversación, más bien monólogo ,que mantuve en una ocasión con nuestro entristecido tranvía murciano ,y que no pudo menos que despertar en mí un sentimiento de empatía, de comprensión y compasión.



- ¡La madre que los parió a todos!. Claro, ¿cómo no imaginarlo?. Elecciones, elecciones de 2011, ¡me tenían que inaugurar, costase lo que costase, funcionase bien o no!. Y ahora, más solo que la una, ¡hasta que me haga prescindible y me destruyan!. Es lo que hacen siempre estos políticos, ¡me cago en..!. Más de un año de obras y pruebas, de que me maldijesen vehículos y viandantes de la ciudad. Un gasto que ni te cuento, 264 millones de euros, es lo que nos dicen.  No han pasado ni cuatro años de mi “pomposa inauguración” y ya estoy casi en vías de extinción. Y si no, ¡al tiempo!.
Todo lo hacen igual, gastan en centros, en puesta en práctica de nuevas leyes educativas, en  preciosas aceras, en farolas infernales cada dos metros, que no sirven más que para deslumbrarnos a todos…...Y todo ello sin presupuesto, sin posibilidad alguna de que habrá dinero para que su puesta en práctica sea un éxito. Lo promocionan a bombo y platillo (en mi caso, un año entero de servicio gratuito, ¡bieeeen!), pero si no funcionamos correctamente, si han errado en nuestra planificación, ¡no importa!. La suerte está echada. Nos abandonarán a nuestra suerte, hasta que llegue el próximo partido, ávido de gloria, y nos destruya sin piedad. Y yo no hago más que decirlo, pero, ¡ni flowers!, ¡como si no me oyeran!.
-Oye!, que mi horario es ínfimo, totalmente insuficiente, que no tengo ni horario nocturno,, aunque sea hasta las 24h, ¡qué menos!, para los que quieran salir un rato a la ciudad.
- Oye!, que soy demasiado caro, sobre todo para los estudiantes.
-Oye!, que tengo transbordos innecesarios que hacen sufrir a mis usuarios, 20, 25 minutos de espera, pese a las inclemencias del tiempo.
-Oye!, que ya está bien de razonar sin razonar: se construye con dinero de todos, se acaba el presupuesto, lo construido no funciona bien, al partido ya no le importa, porque se ha puesto las medallas necesarias, la gente deja de utilizarlo y cambia a otro sistema de transporte más contaminante, aunque más eficaz y llega el político opositor, lleno de rabia, y ¡no se ocupa de mejorar lo realizado!, ¡no!. Hay que eliminarlo, porque lo hicieron los otros.
Si se gasta dinero innecesario en preciosas aceras de gres en mosaico y se rompe una de las tuberías de agua, o fibra óptica o … subterráneas, ¡a la taladradora con ellas!. A nadie se le ocurre que se podrían sustituir esos maravillosos ladrillos por otros más baratos, o por cemento (como en París, sin ir más lejos), o construir cada cierto tramo un acceso subterráneo a las tuberías, y así evitar destruir y volver a construir. ¡Parece que les gusta este jueguecito!. El dinero invertido se va al carajo. Los gastos antiguos no interesan. ¡Borrón y cuenta nueva! (eso sí, sin balances públicos).

Intento decir algo, pero el desesperado tranvía necesita desahogarse, defenderse, y continúa su discurso:

- Oye!, que si aumentara mi frecuencia, se replantearan mis transbordos y se reajustase el tráfico vial de Murcia, sería un medio rápido y eficiente, pues no dependo de las contingencias del tráfico, de los semáforos, de las obras viales, etc.
-Oye!, repito, ¡que el autobús me está ganando terreno y, por lógica, debería ser más lento que yo!
-Oye!, vosotros que os las dais de ecologistas, aunque todos sabemos adonde van a parar las buenas intenciones de los implicados ciudadanos, ¡me estoy quedando obsoleto y me voy a morir!, ¿No vais a hacer nada?.
-Oye!, que no es una broma, que mantenéis a mis usuarios desinformados, soportando mis impuntualidades y mis avisos de llegada arbitrarios y cambiantes, que pueden pasar de 4´, a 14´ o a 24´ en cuestión de segundos, ¡ya nadie se fía de ellos!.
-Oye!, que el recorrido de la linea 1 forma una V, y así debería ser, o a lo sumo cerrar el triángulo o ampliarlo a otras zonas de la cercanía, pero ¿de qué me sirve el precioso lacito que me habéis puesto en los Rectores, que obliga a la gente a un transbordo innecesario para unas cuantas paradas más? (ya se comprobó sobradamente cuando hubo obras y se eliminó el transbordo temporalmente. Los conductores también confirmaban la inutilidad del mismo).
-Oye!, que podría llegar a Murcia en 10´ o 15´, el autobús tarda unos 20´, y, sin embargo, mis usuarios, con tanta irregularidad, tienen que contar con, al menos, tres cuartos de hora. ¡Tienen hambre, frío, calor, o necesidad de saber exactamente lo que tardarán.
-Oye!, que las ciudades están atiborradas de coches unipersonales, que no hay aparcamientos, que lanzais a los cuatro vientos mensajes de necesidad de uso del transporte público, ¿a quién queréis mentir?.
-Oye!, que las quejas de mis usuarios se arrumban en el baúl de reciclaje, que todos sabemos de su llega da a l contenedor común de residuos.
-Oye!, que en los semáforos dependientes de mi paso, la gente podría tomar una buena merienda, jugar a las cartas pero, como no disponen de medios y desesperan, arriesgan su vida e infringen normas, de las que serán últimos responsables. Fijaos en las plazas Juan XXIII y La Redonda. Nadie espera. Menos mal que, una vez muertos no tendrán que pagar la multa.
-Oye!, que me habéis construido accesos francamente inaceptables, sin ir más lejos, el del Centro Comercial La Noria. Hay un paso de peatones, pero que,curiosamente, no conduce a él. La gente se ve obligada a dar la vuelta a la Rotonda o arriesgar su vida en un cambio de rasante.
Tampoco es que esto importe mucho, porque, tal y como van las cosas, este precioso Centro Comercial, también tiene los días contados. Se construyeron tantos centros de ocio juntos, a las afueras de Murcia, eliminando a su vez la posibilidad de ocio de los jóvenes en el centro de su ciudad (quedan poco más de dos cines), que se les obliga a pagar transporte, y, evidentemente, eligen el lugar donde hay más posibilidades.
-Oye, ¿no os dais cuenta que los “intereses” que se pagan nada tienen que ver con los intereses de los ciudadanos?, ¿no veis cómo el IVA se va y no revierte en el bienestar común?, ¿os quejais de sociedad del pillaje cuando nos preguntan “con o sin factura”?. ¡Os toman por tontos!, ¿por qué habéis de pagar las opulencias de los corruptos mientras que vuestros impuestos solo sirven para reconstruir lo destruido innecesariamente?. ¡Cuando os den cuentas, pagad hasta el último céntimo de lo que os beneficia a todos!.
-Oye, ¿pero es que no me oyes?, ¡que te estoy hablando, coño!, ¡que soy un instrumento de bienestar ciudadano!.
-Oye, pero oye!. Nadie contesta. ¿Hipoacusia, desinterés,
hartazgo?.
Os aseguro que escuché hasta el final sus repetitivas pero razonables quejas. Yo las escuché. Y callé. Me dió vergüenza que me vieran hablar con un tranvía.

ENLACES PARA LOS INTERESADOS:








página de tranvía de Murcia (¿posibles quejas?):


elecciones municipales en Murcia (La Verdad):


Checha, 14 de marzo de 2014