viernes, 24 de mayo de 2013

FAUSTO VENDE SU ALMA


FAUSTO VENDE SU ALMA


Demasiados lobos con piel de cordero, embaucadores, manipuladores que venden su alma a los múltiples diablos que existen, sin cuernos ni rabo, creyendo poder alcanzar lo inmanente en lo externo, esa Helena ideal que no existe más que en el ahora del que la alberga en su mente.

Fausto, resumen
En esta obra de Goethe  se ve reflejadas las inquietudes del hombre moderno El doctor Fausto se halla en un laboratorio entregado a meditaciones sombrías; ha asimilado todo el saber humano sin lograr satisfacer en lo más mínimo sus ansias de conocimientos; allí están sus libros y sus instrumentos, que no han hecho más que demostrarle la inocuidad de la Ciencia, y lejos de proporcionarle la felicidad, le han sumido en la desesperación.
El diablo, Mefistófeles, se le aparece y le propone un pacto: él le devolverá su juventud, para comenzar de nuevo su vida, y le acompañará para darle cuanto desee. Fausto, en cambio, le entregará el alma, si consigue un momento de felicidad, si llega una ocasión en que quisiera detener el tiempo diciendo al instante fugitivo: “párate; soy feliz”. Aceptado el pacto, Fausto se lanza a vivir, acompañado de su diabólico servidor.
Van primero a la taberna de Auerbach, en Leipzig, donde los bebedores entonan alegres canciones báquicas; en la cocina de una vieja hechicera bebe Fausto una pócima rejuvenecedora. Estos primeros pasos de su nueva vida le entristecen en vez de alegrarle. Entonces va a buscar en el amor, la felicidad que anhela.
Conoce a Margarita, bella e ingenua criatura que ignora su belleza y no comprende porque puede ser amada; la seduce con ayuda de Mefistófeles, y a impulsos de amor, Margarita se convierte en un criminal: su madre muere envenenada por su narcótico que ella le da; su hermano es víctima de la espada de Fausto; ella comete infanticidio.
Sin embargo, conserva su pureza ante nuestros ojos. Goethe sabe dibujarla como desgraciada pero buena, a pesar de los actos que el poder diabólico le hace cometer. En la cárcel expía su delito y cuando se presenta Fausto para liberarla, no quiere seguirle, porque tiene conciencia de sus pecados. Muere en la prisión, y halla gracia a los ojos de Dios por su inocencia y desdichas.
“ ¡Sígueme!, dice Mefistófeles a Fausto en la prisión donde delira Margarita. Fausto va tras él. Va abrirle un mundo más amplio: riqueza, poder y gloria. Así empieza el segundo Fausto. El amor inalcanzable de Elena, símbolo de la belleza clásica, el poder sobre los hombres y sobre la naturaleza, no pueden mitigar la inquietud de Fausto. Cuando llega la hora en que Mefistófeles reclama su paga, Dios se compadece de aquel hombre, que han buscado el Bien y la Belleza. Su alma que siempre miró a la altura en medio del fango, ha merecido la misericordia del Cielo
Mefistófeles simboliza la limitación que acompaña siempre al hombre. Es el sarcasmo que envuelven las aspiraciones más elevadas, los pensamientos más nobles del ser humano: es la risa burlona incrédula, ingeniosa que no deja germinar el bien.
Escrito por betezer el 07/07/2010 03:03 |

UN ROMÁNTICO NO ES SÓLO AQUEL QUE REGALA FLORES O CANTA UNA SERENATA…EL ESPÍRITU EMINENTEMENTE CRÍTICO DEL ROMANTICISMO ESTABA DIRIGIDO CONTRA LA FORTALEZA DE LOS CONCEPTOS TRADICIONALES.

EL MARCO DE LAS OBRAS ALEMANAS DEL SIGLO XVIII SE CATALOGA COMO EL PERÍODO O GÉNERO ROMÁNTICO. SU MANIFIESTO PROCLAMA LOS DERECHOS DE LA INSPIRACIÓN, DEL ENTUSIASMO Y DE LA LIBERTAD EN EL ARTE Y EN EL TERRENO POLÍTICO. ESTOS POETAS SE CARACTERIZABAN POR SU APASIONADO LIRISMO Y COMPROMISO POR LOS TEMAS SOCIALES DE LA ÉPOCA, COMO POR EJEMPLO, LOS INTERESES QUE PRETENDÍA ALCANZAR LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
 FUENTE: MARIÁNSKÉ LÁZNE

Monólogo inicial de Fausto
La obra se compone de dos partes. La primera es la más conocida, y la que vamos a desarrollar. La segunda es mucho más compleja, está escrita de forma alegórica, con oscuros simbolismos, y su ubicación es absolutamente atemporal, así como su localización espacial totalmente difusa.

La primera parte consta de una introducción y de dos prólogos, uno en el teatro, donde se discute sobre este género y sobre las posibilidades de representación; y otro en el cielo, donde Mefistófeles habla con Dios y los ángeles, y establece el punto de partida de la obra: Mefistófeles y Dios apuestan sobre la posibilidad de su condena o de su salvación.

Tras ello, comienza el acto único, dividido en 25 escenas. En la primera vemos a Fausto, un sabio, expresar su voluntad y su frustración:

FAUSTO 
Ahora ya, ¡ay!, he estudiado a fondo filosofía, leyes, medicina y por desgracia también teología, con ardoroso esfuerzo. Y ahora me encuentro, ¡pobre de mí!, tan sabio como antes. Me llaman maestro y hasta doctor, y diez años llevo ya zamarreando a mis discípulos, cogidos de la nariz, arriba, abajo, a este lado y al otro…, y veo que no podemos saber nada. Lo cual me achicharra la sangre. Cierto que soy más discreto que todos esos jactanciosos doctores, maestros, escribanos y clérigos; no me quitan el sueño escrúpulos ni dudas y no le tengo miedo ni al infierno ni al diablo…; pero, en cambio, también ha huido de mí toda alegría, no me imagino saber nada a derechas, no me hago la ilusión de poder enseñar nada, ni de mejorar ni convertir a los hombres. Tampoco tengo bienes, ni dinero, ni honor y lustre mundanos; un perro no habría podido aguantar tanto esta vida. Por eso me he consagrado a la magia, a ver si por la fuerza y el verbo del espíritu se me puede revelar más de un misterio, a fin de no tener más necesidad de decir, sudando la gota gorda, aquello que no sé; de reconocer lo que el mundo encierra en su más íntimo meollo, contemplar toda la fuerza operante y las simientes y no seguir atascado en palabras.





Monólogo de Helena, Fausto

Shakespeare: “Carta a un amigo”

Rubén Darío: “Cuando llegues a amar”


Pura experiencia socrática, la de Fausto, buscar la verdad en las ciencias, las artes,… para llegar a la conclusión de que cuanto más crees que sabes, menos sabes, es  decir, “sólo sé que no sé nada”.

Checha, 24 de mayo de 2013