viernes, 12 de abril de 2013

BATALLAS CONTRA EL VIENTO


EL QUE TENGA OIDOS PARA OIR…, QUE SE DESNUDE, Y OIGA


BERTOLT BRECHT

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un
año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero
hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles"
GENERAL, TU TANQUE ES UN CARRO PODEROSO
Desmonta un bosque y aplasta cientos de hombres
Pero tiene un defecto:
necesita un conductor.
General, tu bombardero es poderoso.
Vuela más rápido que una tormenta y carga más que
un elefante.
Pero tiene un defecto:
necesita un piloto.
General, el hombre es muy útil,
Puede volar y puede matar.
Pero tiene un defecto:
puede pensar”.
Bertolt Brecht



ARACELI ESTEVES

EXTRAÑA TRAVESÍA




 Se lo toma con calma. Es terca y nada la detiene. Carga un voluminoso fardo de comida y regresa a su hogar con pasitos cortos y rápidos. Pero ahora el camino le parece mucho más largo que a la ida. No recuerda haber subido la suave colina que culmina en un sorprendente pico escarpado, ni el pequeño foso abierto en la extensa llanura cálida. Le asombran el bosque claro y las laderas húmedas a las que nunca se acercan los rayos del sol. Orilla con tiento y paciencia el profundo precipicio que se abre entre dos montañas. ¡Qué extraña travesía! piensa. No sabe que regresando a su hormiguero, justo a medio camino, se le ha atravesado el cuerpo inmóvil de una mujer desnuda.

http://2.bp.blogspot.com/-fZlbR9Q4i54/UV_nH99MMPI/AAAAAAAAP7g/Cn1rMAymKOg/s400/FisurasenelairedeAraceliEsteves.JPG
 ............
* Este primer libro de microrrelatos de Araceli Esteves, Fisuras en el aire, lo ha publicado en Madrid el editor Eugenio Cano, con un prólogo deFlavia Company.
....PUBLICADO POR FERNANDO VALLS
ETIQUETAS: MICRORRELATOS





GOETHE


PRIMER MONÓLOGO DE FAUSTO

Fausto - ¡Ah! Filosofía, jurisprudencia, medicina, creadas para mi mal; y también tú teología; todo lo he profundizado con ardor creciente, ¡y heme aquí, pobre loco, tan sabio como antes! Es verdad que me adorno con los títulos de maestro y doctor, y cuento con numerosos discípulos que aquí y allá, en esta dirección o en la otra, puedo dirigir como me place; pero no lo es menos que nada logramos saber. He aquí lo que atormenta mi alma. Sin embargo, sé más que todos cuantos necios, doctores, maestros, clérigos y monjes se conocen; ningún escrúpulo, ninguna duda me atormenta; nada temo de todo aquello que causa a los otros más espanto, y merced a esto mismo, no hay para mí esperanza ni placer alguno. Siento que todo lo que sé carece de importancia; siento que no puedo enseñar a los hombres cosa alguna que pueda convertirlos o hacerlos mejores. No tengo, por otra parte, bienes, dinero, honra ni crédito en el mundo; ni un perro podría soportar la vida en tales condiciones; por esto me he entregado a la magia. ¡Ah! ¡Si por la fuerza del espíritu y de la palabra me fuesen revelados ciertos misterios! ¡Si no me viese por más tiempo obligado a sudar sangre y agua para pedir lo que ignoro! ¡Si me fuese dado saber lo que contiene el mundo en sus entrañas y presenciar el misterio de la fecundidad, no me vería, hasta aquí, obligado a hacer un tráfico de palabras vacías de sentido.
Reina de la noche, dígnate dirigir tu última mirada sobre mi miseria, ya que tantas veces, después de medianoche, me has visto velar en este pupitre. Siempre te me aparecías, entonces, pobre amiga mía, sobre un montón de libros y papeles. ¡Ah! Si me fuese dado ahora vagar a tu dulce resplandor por las altas montañas, flotar en las grutas profundas con los espíritus, danzar a la hora de tu crepúsculo en las praderas y, libre de todas las angustias de la ciencia, poder bañarme rejuvenecido en tu fresco rocío
!
¿Hasta cuándo, ¡ay de mí!, tendré que consumirme en este calabozo? Miserable agujero de una pared tenebrosa, en el que sólo a duras penas puede penetrar una grata luz del cielo, y en el que, por todo horizonte, descubro este montón de libros roídos por los gusanos, y legajos de papel empolvados que llegan hasta el techo. ¡No veo en torno mío más que vidrios, cajas, instrumentos carcomidos, única herencia de mis antepasados!
¡Y eso es un mundo, y eso se llama un mundo!
¿Y preguntas aún por qué el corazón se oprime con inquietud en tu pecho; por qué un dolor inexplicable para en ti toda pulsación vital; por qué vives entre el humo y la carcoma; por qué en lugar de la naturaleza animada en que Dios creó al hombre, no tienes en tu derredor más que huesos de animales y esqueletos humanos?
Huye, y audaz, lánzate al espacio. ¿Acaso no es un guía bastante seguro ese misterioso libro, escrito por
Nostradamus? Entonces conocerás el curso de los astros, y si la Naturaleza se digna instruirte, sentirás desenvolverse en ti toda la energía del alma, y sabrás como un espíritu habla a otro espíritu. En vano, por medio de un árido sentido, intentas penetrar ahora los signos divinos. ¡Espíritus que flotáis junto a mí, respondedme, caso de que llegue mi voz hasta vosotros!
A esta vista se estremecen todos mis sentidos; siento la joven y sagrada voluptuosidad de la vida agitar con más fuerza mis nervios y mis venas. ¿Si sería un ser sobrenatural el que trazó estos signos que calman el vértigo de mi alma, que llenan de gozo mi pobre corazón y que, por un misterio incomprensible, descubren a mi alrededor todas las fuerzas de
 la Naturaleza? ¿Soy acaso un dios? Todo se me hace tan claro, que veo en estos sencillos caracteres revelarse a mi alma la naturaleza activa. Sólo ahora por primera vez he llegado a conocer la verdad de estas palabras del sabio: El mundo de los espíritus no está cerrado. ¡Tus sentidos están aletargados, tu corazón está muerto! ¡Levántate, discípulo, y ve a bañar sin demora tu seno mortal en la púrpura de la aurora!
(Contempla el signo) ¡Cómo se mueve todo por medio de la obra universal! ¡Cómo viven y obran de consuno todas las actividades! Todas las fuerzas celestes suben y descienden, pasándose entre sí los sellos de oro y, con el rumor de sus alas, de las que la bendición se exhala, dirigidas incesantemente del cielo a la tierra, llenan el universo de inefable armonía.
¡Qué espectáculo! Pero, ¡ah!, no es más que un espectáculo. ¿En dónde podré asirte, naturaleza infinita? Y vosotros, senos, manantiales fecundos de toda vida, de los que están suspendidos el cielo y la tierra, hacia los que
 vuelve el angustiado pecho... vosotros brotáis a torrentes, fecundáis el mundo, ¿y yo me consumo en vano?


Batallas sin contendientes que dejan fisuras en el aire, y terminan clavándose en inocentes corazones………, es la guerra contra el mundo, inexplicable, insostenible,………¡no hay razones en los libros!




Checha, 12 de abril de 2013