sábado, 30 de marzo de 2013

REQUIEM


REQUIEM


¿QUÉ CONSIGUE EL REQUIEM DE MOZART EN MI?REVOLVERME EL ALMA 
por MILAMAMI

Escuchado incansablemente, 
hasta la saciedad, 
que aunque me sacie no me cansa,
y vuelvo a buscarlo y a beber de sus notas,
para que me revuelva el alma,
me exalte y me calme,
me arranque del dolor,
repose mi melancolía,
me inyecte su fuerza.
Cantan las voces: "salva me fons pietatis",
como un dulce eco en mi cabeza,
en mis entrañas.
Los instrumentos marcan el "confutatis",
remolino arrollador,
el "lacrimosa" lo detiene.
Y llegan los recuerdos
de "la mamma morta"
como cantaba "La Callas".


¡¡¡Madre, ya no puedo sostenerte en mis brazos!!!.
Música que te hace 
traspasar el umbral, 
universo de los muertos
que ya no lo están,
porque brillan en el otro lado,
viven y nos esperan.
Requiem de vida,
mágicos acordes,
¿cómo es posible que la belleza me hable?,
Mozart tocado por la gracia,
"Salva me, salva me"
ámame, ámame,
pero lo que más me llena es
AMARTE,
AMARTE CON TODA EL ALMA.

MILAMAMI.



En este vídeo del Requiem dirigido magistralmente por Leonard Bernstein, hace él mismo una introducción, habla en alemán, y para los que no lo parlamos, los subtítulos están en italiano, así que es muy entendible, y nos explica que es en honor a su mujer Felicia, fallecida hacía diez años en ese momento de 1988. También lee una carta de Mozart dirigida a su padre Leopold.
Maravilloso el final, ya que nada más terminar, repican las campanas, Bernstein estático, no se ha vuelto, para no incitar al aplauso, no saluda para no romper el silencio, besa y agradece a cantantes y músicos, mientras se retira acompañado por el recogimiento de todos.

Y la Callas canta como nadie "la mamma morta".

MILAMAMI


Wolfgang A. Mozart - Requiem K626. Año 1988


La Mamma Morta - Subtitulado en español (audio y texto)



De nuevo es MILAMAMI la que me regala una entrada, gratuita, sin peticiones ni esperas.
El Requiem es el gran regalo que nos hizo Mozart a muchos. Música de muerte y de vida, porque han de morir muchas, muchas cosas, para que el alma se eleve y crezca, para que viva con intensidad lo sublime que encierra cada una de las hermosas pequeñeces que dignifican lo vivo.
   No es mi deseo compartir la ciudad de los muertos. Mis cenizas no serán más que los restos de un ser que ardió, que ardió hasta la muerte.
 Serán materia inerte, que ojalá sirvieran para alimentar un brote de vida en la tierra.
 Pero no es así, no constituirán ni un recuerdo de lo que soy, pues lo que soy es lo que vivo, lo mío que vive en vosotros, y mis soledades.
  Si alguien deseara rendir un último gran tributo a esa materia voladora e inconsistente, no tendría más que hacer sonar ese Requiem, tantas veces escuchado y que siempre, de nuevo, me enamora, me ha enamorado y seguirá haciéndolo allá donde esté;……Más tarde, lo más cómodo y rápido, será verter esas cenizas al retrete (¿son contaminantes?), y tirar de la cadena. Sin romanticismos.

Checha, 30 de marzo de 2013
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