domingo, 15 de julio de 2012

PRUDENCIA DE LENGUAS


PRUDENCIA DE LENGUAS


“Hablar plata, callar oro”, como muchos otros dichos y refranes, nos insta a reflexionar antes de pronunciar palabra alguna, pues aunque  “las palabras se las lleva el viento”, los vientos cambian, otros vientos pueden traernos el eco de nuestras palabras, cual rumores e incluso aullidos,  que penetren en nuestro cerebro y racionalicen, quizás por vez primera, esos sonidos emitidos a destiempo, irreflexivos, instintivos, pasionales, que salieron de una boca sin cerebro llegando a un cerebro quizás sin boca, pero sí con corazón.
   No es ésta una apología de la incomunicación. El lenguaje es el más completo y maravilloso instrumento que posee el hombre para emitir, recibir, codificar, descodificar, en definitiva , expresar y comprender mensajes, imprescindibles  en nuestro conocimiento del mundo y de sus habitantes. Pero todo mensaje emitido contiene “ruidos” , a modo de distorsiones acústicas, visuales, o malinterpretaciones que radican en diversas concepciones del mundo, en la propia e intransferible experiencia vital, en las connotaciones que atribuye cada uno al texto.  ¿Qué?, ¿por qué?, ¿puedes repetir?, son llaves de oro del correcto fluir comunicativo, por más que a muchos resulte tediosa la explicación de sus razones o sinrazones, la repetición de sus palabras.
Contando con esta impaciencia humana, con la bien instintiva, bien malintencionada, bien discapacitada “precipitación interpretativa”, nos recomienda la sabiduría popular ser prudentes con la lengua, asegurarnos de la adecuación y precisión de nuestro discurso, que bífidas lenguas podrían duplicar y trasladar con sentidos polivalentes, abonando el terreno a la tergiversación.
  

 Lenguas son mundos, micromundos (el de cada hablante) y macromundos (el de la comunidad linguística que comparte una misma lengua).  En este último sentido, ¿quién será capaz de afirmar que conoce una lengua?, ¿quién será el osado que se jacte de dominar no sólo la propia, sino varias lenguas más?.
   Si no somos capaces de conocernos siquiera a nosotros mismos, a nuestro privado e inmenso mundo interior, ¿cómo afirmar que además nos encontramos en posesión cognoscitiva de los miles y millones de inabarcables mundos que nos rodean?.
    Presumimos de conocer nuestra lengua , y de conocer dos, tres, siete más. ¡Craso error!. Desgraciadamente, y por mucho que nos esforcemos, jamás llegará el más erudito de los humanos ni siquiera a lo primero.
   Como ilustración a lo anteriormente expuesto os transcribo un pasaje del ingenioso y lúcido Mark Twain, que cuenta entre mis pasajes literarios favoritos: “Personas capacitadas pueden aprender alemán en treinta años”. Con ironía y jocosidad nos cuenta el escritor su periplo vital en el aprendizaje de la lengua alemana, las enormes dificultades, ciertamente exageradas, que conlleva la compresión de su morfología y sintaxis, ofreciendonos divertidos ejemplos del vano intento.
    Por el momento, tan sólo os transcribo el texto en alemán, con la promesa de traducirlo en un futuro próximo, y aprovechar así para introducir un tema harto discutido e insoluble, a saber, la presunta relación entre el grado de dificultad de una determinada lengua y las capacidades intelectuales de sus hablantes.
   
 MARK TWAIN
Begabte Menschen können in 30 Jahren Deutsch lernen

Es gibt eine Krankheit die jeden im laufe seines Lebens mindestens einmal befällt: das Verlangen eine Fremdsprache zu erlernen. Ich bin diesem Bazillus ziemlich lange entgangen aber schließlich packte er mich doch. Also lernte ich ein bißchen Chinesisch ein oder zwei indische Dialekte und ein paar klassische Sprachen, nichts Schwieriges. schwierig wurde es erst als ich nach Deutschland fuhr und glaubte ich könne Deutsch lernen.

Inzwischen bin ich geheilt !

Ich krämpelte mir die Ärmel auf und kämpfte einen harten Kampf, aber die deutsche Sprache betreib ihr Handwerk schon länger als ich und blieb Sieger.
Der Erfinder der deutschen Sprache hat sich offenbar ein ganz besonderews Vergnüngen daraus gemacht alle nur denkbaren Komplikationen darin unterzubringen. Zum Beispiel die Verteilung des Geschlechts. Im Deutschen ist ein junges Mädchen geschlechtslos eine Steckrübe dagegen nicht, sie ist weiblich.
Welch unangemessene Hochachtung vor der Steckrübe, welch Kälte gegen das Mädchen.

Und weiter: Mund, Hals, Busen, Ellbogen, Finger, Nagel und Fuß, das alles ist männlich oder geschlechtslos, je nachdem welches Wort man wählt; nicht etwa wem dieser Körperteil gehört, denn in Deutschland haben auch die Frauen männliche oder geschlechtslose Köpfe. Dagegen haben alle Leute weibliche Nasen, Lippen, Schultern, Hände, Hüften und Zehen.
Andererseits haben aber ihre Haare, ihre Augen und Ohren, ihr Kinn und ihr Gewissen überhaupt kein geschlecht.

Eine andere sehr schlimme Erscheinung im Deutschen ist die sogenannte Klammerkrankheit. Sie tritt in verschiedenen Formeen auf, aber ich will sie nur an einem Beispiel erläutern:
Ich meine die imaginäre Klammer, die entsteht, wenn man ein Verb auseinanderreißt und eine Hälfte an den Anfange, die andere an das Ende eines spannenden Abschnitts setzt.

Ganz besonders schön geht das mit "abreisen" --> "reiste ab":
Als die Koffer endlich gepackt waren, reiste er, nachdem er Mutter und Schwester geküsst und noch einmal sein angebetetes Gretchen gedrückt hatte, das in schlichtes weißes Musselin gekleidet eine einzige Rose in den anmutigen Wellen ihres vollen, braunen Haares, hilflos schwankend die Treppe heruntergekommen war, immer noch bleich von der Angst und Erregung des vorangegeangenen Abends, doch sehnsüchtig bestrebt ihr armes, wehes Haupt noch einmal an die Brust des von ihr über alles geliebten zu leben, ab.

Meine Studien haben mich überzeugt, dass ein seh bagabter Mensch in dreißig Jahren Deutsch lernen kann. Unbegabtere brauchen länger. Sollte die deutsche Sprache so bleiben, wie sie ist, ohne etwas gestutz und allgemein überholt zu werden, dann sollte man sie behutsam und ehrfürchtig beseite legen zu den anderen toten Sprachen, denn nur ein Toter hat Zeit zu lernen.

¿No sera cierto que , por más que nos empeñemos, nadie conoce ni su propia lengua?, porque no sólo los extranjeros, también los alemanes tienen dificultades con algunos de los aspectos de los que habla Twain, sin ir más lejos , con el sistema de declinaciones.
  Quien pueda que lo entienda, lo lea, lo traduzca o espere simplemente, a mi humilde traducción, que será una interpretación más entre muchas.
                   Checha, 14 de julio de 2012