domingo, 4 de marzo de 2012

PROGRES DE GALERÍA


PROGRES DE GALERÍA

     Sentada en un cómodo sillón, descansando, oyendo mi música favorita  o leyendo un bonito libro, me enerva pensar que pienso, que yo, ciudadana europea, acomodada, sin excesivos problemas económicos, soy progresista.
Si se entiende por progresía lo que está abierto a los avances científicos-tecnológicos, lo que confía en el poder de la razón para cambiar el mundo, lo opuesto a fanatismos, supersticiones, tópicos, lo flexible , dispuesto a argumentar y acatar  la autoridad de la razón, quizás pudiera aproximarme en cierta medida a este concepto.
    No obstante, ¿en qué contribuye un progre de pensamiento al progreso, si su existencia no lo acompaña?. ¿No formaría parte del ser de la progresía el rechazo a demagogias vacuas y a teorías despojadas de compromiso?.
    He de asumirlo, no me resultaría nada fácil  salir del sillón para entrar en el mundo de lo resbaladizo e inestable!-  Pero  entonces , ¿Dónde estarán los progres?. ¿Ideando discursos políticos de  pretendido apoyo social mientras minan, de hecho, los logros sociales conseguidos tras arduas luchas a lo largo de los años?, ¿quizás estarán en bares y garitos, sentados en su tiempo de” ocio”, comentando las discriminaciones e injusticias existentes, al tiempo que sus parejas, las no-progres, las que no están al tanto de si los trajes regalados a Camps eran azules o grises, sacan adelante las tareas de ese submundo básico que no está a su altura, pero que alimenta sus músculos y neuronas para permitirles realizar preciosas diserciones  sobre cómo cambiar el  mundo?
      Si estuvieran aferrados a algún escaño político, no soportarían la visión de los traseros ensangrentados de sus congéneres  desde sus cómodas camas de agua Eso sí, lo asumirían como parte de la injusta distribución de la riqueza, como “status quo”, destino inexorable del progreso al que estamos abocados y parece ser irrenunciable. Pocos, muy pocos, acabarían por hacer lo políticamente incorrecto, renunciando, como el venerable Sr. Anguita, al menos a una pequeña parte de sus innumerables privilegios.
   Los progres, los de verdad, no pertenecen a un solo grupo o clase social, pues ello los encuadraría en un sistema obsoleto que les impediría hacerlo estallar si fuera preciso.Si bien todos y cada uno de nosotros, estamos inevitablemente mediatizados por las circunstancias socio-culturales que nos han tocado en gracia al nacer o a las que hemos accedido a través de esfuerzos y elecciones vitales  (¿cómo evitar que un banquero, cuyos afanes diarios son fundamentalmente el dinero, la deuda, el gasto, la economía, realidades todas ellas materiales, deje de ver la vida en términos de rentabilidad, de provecho,  deje de enfrentarse al resto de seres humanos como cantidades, obviando su carácter cualitativo, esto es, humano?),me horroriza pensar que, carentes de libertad, estemos condicionados y  condenados, al igual que muchos políticos, economistas, vendedores, etc, a no poder jamás entender el mundo en términos altruistas y humanizantes.
     Sería esta una burda y simplista explicación de lo genuinamente humano. Porque humano es aquello que no se deja limitar, clasificar, encuadrar, determinar, capaz de romper rejas y abrir puertas, capaz de sentirse libre y ejercitar su libertad en la medida de lo posible, aun a resultas de ser una falacia.

    Es relativamente sencillo hablar, como hasta ahora, de lo que no es progresía, denunciar el voyerismo  hipócrita que padece nuestra sociedad.  Pero ¿qué es un progre?. Sonaría maravilloso afirmar que “progre es el que está cerca del pobre”, pero estos progres, son precisamente los más pobres, porque lo son de espíritu,  miserables de alma, mezquinos y mediocres que temen cambiar por miedo a no ser cambiados.
    Los pobres que transforman a los progres son otros, son seres injuriados, estafados y perjudicados por un sistema social alienante, por una vida  cuyo disfrute les queda vedado, para que así puedan proliferar los grandes enanos, que insuflados por sus aires de grandeza, los pisotean impunemente y se les suben encima, creyendo así encontrarse más cerca del cielo.

    
Checha, 4 de marzo de 2012