Expulsada ave del paraíso
Adornando un celestial jardín,
estelabas soles de oro
transidos de rosa cantarina,
edén para ti creado,
exuberancia de sabrosos frutos,
explosión de flores aromadas…
Libabas flores endulzadas,
divina ofrenda seductora,
fuerza que tus alas agitaba
en suave brisa marina,
viento refrescante,
abrazo que, sutilmente,
acariciaba ramas y copas
cuando en ellas reposabas.
Belleza exultante tu entorno,
sereno y plácido semblante
de un mundo
acogedor y acogido,
amante y amado,
de favores correspondidos
sin deudas ni intrigas,
enredos, malentendidos.
El siseo ondulante
de un áspid adulador
fue la desdicha
que tu voluntad embrujó.
Probaste fruto prohibido,
mordiste la hiel maldita
que deja desposeído
sin protección
sin amparo,
a todo el que la codicia.
No sabías, desgraciada,
que degustar de la ciencia,
o el saber incontrolado,
si bien te transforma en libre,
te convierte
en vagabundo sin tejado.
Eres hombre,
¿lo has notado?
Checha, 27 de febrero de 2021
Imagen: Cecilia Guillén

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