Torito
Vio el torito reflejada
su cornamenta en el agua,
una luna sonriente,
cristalina y afable,
afectuosa,
cariñosa,
amable.
Y de momento pensó
que su patria lo indultaba,
de esa tradición rancia,
se apartaba, desertaba.
Soñó que inmune pastaba
entre muchas vacas mansas,
entre ciervos y rumiantes,
tranquilos,
libres de pena y de carga.
Auguró que la paloma,
de pacífica mirada,
su mensaje elevaría
a instancias reaccionarias
y símbolo tornaría
del futuro,
la esperanza.
Mas al tanto retornó
a mirar de nuevo el agua
y su boca se prensó
al ver la luna enfadada,
comisuras hacia abajo,
que unidas a sus pitones
dibujaban en el agua
una xi espantosa,
turbadora
emponzoñada,
malvada.
La XI de undécimo siglo,
la de las cruzadas,
de estúpidos ignorantes
amantes de las espadas.
Lloró el torito su suerte
enterró la patria suya,
mojó la tierra agrietada,
incauta,
condenada.
Checha, 31 de mayo de 2020

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