Escapando
de mi yo
Apresado en lo profundo
de una cerrada matrioschka,
habla mi yo hastiado
de cohabitar con otros yoes,
los sensibles, los heridos,
los deseosos de pompa,
los humildes y orgullosos,
silenciosos, rencorosos,
denostados e iracundos,
y airado destapa al fin
la carita colorada,
tapa bien disimulada
de un derredor más abierto,
de hijos, familia,
parientes,
expédito y descubierto.
Se acomoda pues mi yo
en lo amable del entorno,
la morada que lo espera,
el acomodo sincero,
sin adorno,
respira hondo.
No contaba con traiciones,
desaires y desamores,
que también huelen amargo,
duda si bajar de nuevo
a su antiguo letargo,
pero abre la faz siguiente
por ver si consuelo hallara
en aquel presente.
Empuja fuerte y se abren
los amigos y su tierra
paisajes usados,
entrañables,
de solera,
amigos que son hermanos,
no de sangre,
mas de ideas,
arbustos, animales,
plantas, barro, greda,
cultivo, hacienda…
baña su cuerpo en los mares,
siente a delicadeza
del agua que lame el torso,
el agua que se lo lleva.
Mira hacia el cielo
y no ve
mas que una oscura
y lúgubre cueva.
Dios mio!, que no veo las
estrellas!
La última muñeca baquetea,
abre a la rusa en cabeza,
el sol deslumbra sus ojos,
le acaricia con paciencia,
hierve su sangre granate,
sus poros lanzan estrellas,
es el mundo sin fronteras!,
luna, soles y galaxias,
esferas infinitas
aun por descubrir,
hallábase en la ceguera.
Lanzó una mirada al suelo,
al esperpento muñeca
y desde lo hondo habló
un ínfimo de los yoes,
acuérdate de mí, dijo,
que soy quien eres,
también los otros,
aunque no nos veas.
Y vio una luz en lo alto,
un planeta.
Checha, 7 de mayo de 2020

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