Un
café más, por favor
inspirada
en El Proceso, de Kafka
Tres
minutos antes.
La
puerta cerrada,
bien,
solo tres.
Se
sentó en un café,
pidió
una taza,
le
ayudaría a relajarse.
Demasiado
tiempo
esperando
este instante.
Había
llegado.
Bebió
a pequeños sorbos
aquel
líquido humeante.
Miró
a su alrededor,
un
señor con barba,
una
señora que parecía cansada.
Delicioso
café,
cuantos
recuerdos.
Contemplaba
al hombre de la barba,
leía
un periódico.
Su
mente la llevó
a
un delicioso sueño,
que
no debió despertar.
Allí
se recreó.
Hay
sueños que deberían
ser
vida.
La
puerta cerrada.
El
barbudo pasó una página.
Su
cerebro no pasaba página.
Quince
minutos ya.
La
puerta cerrada.
Otro
café, por favor.
Parecía
más negro,
también
su futuro
le
pareció más oscuro.
El
de la barba seguía
embebido
en su lectura,
pasó
una tercera página.
Decidió
olvidar su sueño,
no
era más que un fantasma.
Miró
sus uñas,
una
a una,
mordidas
de nervios.
La
puerta cerrada.
Una
hora.
Otro
café, por favor.
Sería
dulce morir
bebiendo
café.
Amargo,
tan amargo
como
su pasado.
Dos
horas.
Tres
horas.
Desesperada
decidió levantarse,
desistir.
Al
pronto salió de la puerta
una
anciana bajita,
rebuscó
en su bolso,
sacó
las llaves
y
cerró el pesado cerrojo.
Sus
ojos se abrieron
de
par en par.
¡No
puede hacer eso!,
¡estaba
esperando!, gritó.
La
señora, con voz dulce y queda
respondió:
era tu puerta, estaba
reservada
para ti.
Ahora
es tarde.
Entristecida
bebió
su último sorbo de café.
Checha,
15 de enero de 2020

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