miércoles, 15 de enero de 2020


Un café más, por favor

inspirada en El Proceso, de Kafka





























Tres minutos antes.
La puerta cerrada,
bien, solo tres.

Se sentó en un café,
pidió una taza,
le ayudaría a relajarse.

Demasiado tiempo
esperando este instante.
Había llegado.

Bebió a pequeños sorbos
aquel líquido humeante.
Miró a su alrededor,
un señor con barba,
una señora que parecía cansada.

Delicioso café,
cuantos recuerdos.

Contemplaba al hombre de la barba,
leía un periódico.

Su mente la llevó
a un delicioso sueño,
que no debió despertar.
Allí se recreó.
Hay sueños que deberían
ser vida.

La puerta cerrada.

El barbudo pasó una página.
Su cerebro no pasaba página.

Quince minutos ya.
La puerta cerrada.
Otro café, por favor.
Parecía más negro,
también su futuro
le pareció más oscuro.

El de la barba seguía
embebido en su lectura,
pasó una tercera página.

Decidió olvidar su sueño,
no era más que un fantasma.
Miró sus uñas,
una a una,
mordidas de nervios.

La puerta cerrada.

Una hora.
Otro café, por favor.
Sería dulce morir
bebiendo café.
Amargo, tan amargo
como su pasado.

Dos horas.
Tres horas.

Desesperada decidió levantarse,
desistir.
Al pronto salió de la puerta
una anciana bajita,
rebuscó en su bolso,
sacó las llaves
y cerró el pesado cerrojo.

Sus ojos se abrieron
de par en par.
¡No puede hacer eso!,
¡estaba esperando!, gritó.

La señora, con voz dulce y queda
respondió: era tu puerta, estaba
reservada para ti.
Ahora es tarde.
Entristecida
bebió su último sorbo de café.

Checha, 15 de enero de 2020




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