Zapatos
Te
presto mis zapatos
para
que no se hieran tus pies
de
este mundo enrarecido
en
que el engaño es la mies
y
la mentira razón
de
toda supervivencia.
Sobrevivir
desprovisto de armadura
andar
con un poco de cordura
y
su dosis de locura,
abiertas
las alas,
descubierto
el corazón
al
que ya no importa el mundo
porque
ese mundo soy yo.
Y
pues saber gobernar
apelando
a la razón,
consiguiendose
el respeto
con
dosis de bondad y muy quieto,
viendo
al necio traspasar
la
linea de lo sincero
de
lo honrado y lo certero.
Mis
pies no sienten la tierra,
encallecidas
sus plantas
de
andar descalzos,
de
subir montañas.
Cuando
no los necesites,
devuélvemelos
ya ajados
o
quizás ya maltrechados,
servirán
al que no anda
por
carecer de zapatos
por
miedo a los sinsensatos
que
acechan como lobos
y
son máscaras de granza
Checha,
2 de marzo de 2018

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