miércoles, 3 de junio de 2015

LO QUE NOS LLEVAMOS ENTRE MANOS

LO QUE NOS LLEVAMOS ENTRE MANOS




Son las manos instrumento de acción y expresión de intenciones o deseos.
Sin ellas no podríamos “vivir del trabajo de nuestras manos”, ni “estrechar la mano a alguien”, ni “tender una mano”.
Sustituyen por sí solas la expresión oral mediante movimientos (no habría lenguaje de signos sin las manos), que refuerzan nuestras aseveraciones o indican, con un simple adelantamiento del índice, el deseo de obtener y el lugar donde se halla el objeto de deseo propio o ajeno.
Muchos se han quejado del lugar preponderante de las manos frente a los pies en el ámbito poético. No es de extrañar que se ensalce lo que más poder de convicción tiene, lo que se presenta siempre desnudo y es capaz de hablar por nuestra boca, pensar por nuestro cerebro.
Tenemos derecha e izquierda, y así ha de ser para evitar ser un patoso no teniendo más que dos izquierdas (“zwei linke Hände haben”), porque, aunque sólo necesitamos una izquierda para no caer en la grosería o vulgaridad del que no “tiene mano izquierda” (“savoir y faire”, “diplomatisch sein”), se hace imprescindible el espacio limitado entre izquierda y derecha como lugar de tolerancia, necesario para la buena armonía, dentro del cual se puede disipar toda distancia para apoyar y ayudar, para que ambas manos se laven entre sí (“eine Hand wäscht die andere”, “hoy por ti, mañana por mí”, “hazme la barba, hacerte he el copete”).
Si nos lavamos las manos”, impediremos que la una lave a la otra como partes estructurales de una unidad, la misma de nuestros lóbulos cerebrales, la misma de nuestras piernas. Simetría que conforma el equilibrio de derecha e izquierda, que, independientemente del lugar que ocupemos, establece el parapeto de la otra mano, el límite que propicia tolerancia y respeto.


                                                                      Checha, 3 de junio de 2015