jueves, 13 de noviembre de 2014

OLVIDO

OLVIDO




Olvido ha superado la cincuentena y ahora lamenta haber olvidado tantas y tantas cosas, tantas y tantas fechas, tantos y tantos acontecimientos, tantos y tantos conocimientos.
No lo lamentes, Olvido, que dioses son olvido y memoria. Y tu naturaleza es sabia, es la savia de un no-me-olvides, la conjunción de posos de tés dulces y amargos ofrecidos por la vida, unos disfrutados, otros tragados y otros hasta vomitados.
¿Qué es lo que quieres recordar, Olvido?, ¿aquél cálido abrazo que encendió tus heladas cenizas tremulantes?, ¿acaso el día, la hora, el minuto, el segundo en que perdiste un pie?. Recuerdas que lo perdiste, todos los días, cuando agarras el bastón para levantarte. Pero sabes también que caminas. ¿Qué importa acaso aquél minuto, guardado en expedientes, fichas, palabras, letras..?.
Implacable e imprescindible memoria, por sabia, dulce y necesario olvido, por compañero. Siempre juntos, siempre eternos.
Con polvo de estrellas depura el olvido sin intención, en suave devenir, recuerdos ya trasnochados, recuerdos que no necesitan ser recordados porque deben morir, ser sustrato de un nuevo brote de no-me-olvides a la espera, que será recordado u olvidado sin imposiciones. Su nombre suplica permanencia, pero la permanencia es azarosa, o quizás mecanismo de defensa de perfecto engranaje destinado a armonizar, sembrar, apreciar o despreciar al recuerdo.
Y Olvido eres tú, la esencia destilada y purificada de antiguos avatares.
¡Nunca olvides recordar la memoria que te hizo!, Olvido.


Checha, 13 de noviembre de 2014