lunes, 9 de junio de 2014

A LA IZQUIERDA DE LA DERECHA, A LA DERECHA DE LA IZQUIERDA: EN LOS LÍMITES DE LA MORAL. PARTE II. TEORÍA DEL RANGO MORAL.

A LA IZQUIERDA DE LA DERECHA, A LA 

DERECHA DE LA IZQUIERDA: EN LOS LÍMITES DE 

LA MORAL

PARTE II




TEORÍA DEL RANGO MORAL

El rango que aquí propongo excluye todo aquello que se encuentre a la derecha de la derecha, a la izquierda de la izquierda, los radicalismos, extremismos, nacionalismos mal entendidos. Si bien se ha de comenzar por sanear las bases, lo pequeño, para poder pasar a una política más globalizadora (no lo relacionemos con el término “globalización”, incomprendido e incomprensible, mascarada de autoritarismo), no hablamos aquí de movimientos independentistas, violentos, inmorales, sino, antes bien, de una reivindicación de lo humano desde sus simientes, que incluyen a todas las lenguas y culturas, siempre que convivan en los límites de la tolerancia y el respeto.
El rango que postulo no es descubrimiento mío, no es idea brillante desconocida, nueva. Antes bien se trata de la asunción de la historia, de la evolución del pensamiento político, del ciclo vital, expresado de manera mucho más compleja y analítica por múltiples pensadores, pasados y presentes.
A estas alturas de “civilización”, ha sido ya todo dicho, pensado, experimentado .., argumentado con AUTORIDAD, es por ello por lo que eludo ociosas y archiconocidas citas de autoridad, autoridad en mayúsculas, basada en el respeto y la solidaridad.
Según el rango moral, buen gobernante será aquel capaz de suprimir las escalas punteadas, infinitas, manteniéndose en los márgenes, en los límites de lo moralmente aceptable. Buen gobernante será aquel que no tenga el poder como valor, que no se aferre a ningún sillón que con el tiempo habrá desgastado.




El manual y simple esquema que veis destila simplicidad, la simplicidad de la navaja de Ockam: de dos ideas, la más simple será probablemente la correcta. Y es que nuestra sociedad se complica y nos complica, nos emborrona la realidad haciéndola invisible, en aras de intereses desconocidos e inapresables por el común de sus componentes.
Posiblemente, un buen gobernante no haría más que darle un giro a este esquema y suprimir todo lo que escape al cuadrado verde central, horizontal. Es en los extremos a erradicar donde comienza la tarea del buen gobernante, que los utiliza para reconvertirlos y suprimirlos. La bipolaridad solo tiene sentido en tanto en cuanto nos conduce a racionalizar la sinrazón.


Los polos, los extremos no carecen de sentido. Su función consiste en ser ideas reguladoras (ya hablé de esto en otro contexto) para impedir el enconamiento de una determinada ideología que bien podría estar disfrazada de bipartidismo: un partido en el poder y su oposición persiguiendo los mismos fines economicistas, idólatras del capital. Los representantes de tal ideología serán verdaderos Maquiavelos, utilizarán cualquier medio, por inmoral que sea, para la consecución de sus fines. La esencia misma de esta ideología imperante, que nos ha conducido y conduce a la más salvaje deshumanización, sea de derechas, de izquierdas (términos ya obsoletos por más que se pretenda mantenerlos), sea de una Iglesia Conservadora ligada al poder, es moralmente inaceptable, pues degrada al hombre hasta su animalización, consiente el asesinato impune del hombre por el hombre, la esclavización de lo “supuestamente” inferior.
Esa Iglesia grande que postula “la iglesia somos todos” defiende también, desde su extremismo inadmisible, desde su cercanía a ideologías estancas, un concepto arcaico e involucionista de sociedad estamental del todo extraño a la unión fraternal de todos los seres humanos en un único posible rango: el humano, el moral (sede de los principios básicos de derecho natural, defensores de la inviolabilidad de lo común humano). Afortunadamente para todos hay otra iglesia, muy respetable (creyentes y no creyentes han de ser respetados) y tolerante, que no se ve, porque es tragada por las mayúsculas.
La tarea del buen gobernante se limita a horizontalizar (abrir horizontes), a suprimir dos adverbios locales imperantes: arriba, abajo.
Así pues, el nuevo esquema horizontal, tan sólo consta de una escalera, que preserva la libertad individual de superarse, crecer, dentro de los márgenes que le confiere su condición moral.
La escalera es la única capaz de establecer un ámbito humano, pacífico, democrático, porque tiene un primer peldaño y un último peldaño. No podemos bajar del primero, so pena de quedar enterrados, no podemos sobrepasar el último, pues volaremos en la marea especulativa hasta caer de bruces en el suelo. La escalera posibilita el movimiento “libre”, es garante de aspiraciones, ilusiones y deseos, de reconocimiento de esfuerzos, también garante de subidas y bajadas, para ayudar, para ser ayudado, sin prevaricación ni corrupción.
Se trata, pues, de un sistema antisistema, flexible, que abre puertas en lugar de cerrarlas, que tolera, que admite grupos, ideologías, religiones, culturas.. siempre que no infrinjan la “ilustrada” y racional norma, postulado básico de cualquier moral que se precie: “tu libertad termina exactamente allí donde comienza la libertad de tu entorno*”.
*no olvidemos que nuestro entorno es cultura, pero también y básicamente naturaleza.
Derechos y deberes, inseparables, nos hacen libres.


Checha, 9 de junio de 2014