jueves, 11 de julio de 2013

CARTA DE UNA DECEPCIONADA, A NADIE

CARTA DE UNA DECEPCIONADA, A NADIE

Queridos “amigos”…,
Agradezco sinceramente vuestros bienintencionados deseos de ayudarme, con esta estupenda actuación, pero ¡siento rabia, mucha rabia y profunda decepción!.
   Sigo desde hace meses, y muy a mi pesar, un desagradable juego, que aparentaba ser vida, una incomprensible y apestada ficción, que pretendía ser realidad.
   Sin otra finalidad que la protección de mis hijos y de mí misma, me he sumido en un impuesto silencio inocente, he tragado gusanos, sapos y culebras, conductas asombrosas, con la “ilusa” esperanza de que la pieza tendría a lo sumo cuatro actos.
Vosotros, ¡brillantes mentes!, ¿no sois capaces de comprender que con los sentimientos y el dolor no se juega?. Me gusta jugar, especialmente con los niños, pero este juego de niños pigmeos no divierte, simplemente porque se mantiene en la incertidumbre, que ni tiene comienzo ni fin.
  ¿Acaso creíais ayudar a alguien confundiendo realidad y ficción?. ¡Mezquina quijotada!.
Habéis de saber todos, absolutamente todos, que ha sido mi conciencia, la sana conciencia de ir de frente, pisando tierra firme y arrostrando los hoyos y colinas del camino, la que ha erguido mi mente y mi cuerpo en todo momento.
  Se os ha escapado algo importante, que quizás fuera la moraleja de este cuento: “no puedes confiar en nadie”, pero no ha tenido efecto alguno sobre mí. Por el contrario, sigo pensando  que existe gente en la que se puede confiar, simplemente porque lo he experimentado en mi vida.
Si bien he sufrido “el gran teatro del mundo” en propia carne y durante muchos años, en el pasado, y también en éste arduo periodo, he coincidido con personas valiosas y sinceras, dispuestas a ayudar con las cartas boca arriba, de tú a tú, dando y pidiendo explicaciones, como hacen las mentes sanas.
  Es la palabra la que nos hace humanos, el diálogo con los dispuestos a escuchar y conversar, ¡eso nos engrandece!. Y no hay nada más humillante y vejatorio, que sentirse una marioneta movida por hilos invisibles de pretendidos amigos.
  ¡Id al teatro, al cine, leed novelas, si es que sois amantes de la ficción, pero ésta no la busquéis jamás en mi persona. Os llevaríais exactamente la misma decepción que yo, y, a pesar de todo, ¡no os lo deseo!.
¡Os habéis confundido de blanco!. Esta, que soy yo, seguirá teniendo pocos confidentes, pero los pocos, aunque fuera uno solo, digno de sinceridad.
Pretender combatir guerra con guerra, teatro con teatro, mentira con mentira, ¡no sé si es buena idea!, ¡pero yo estaba jugando un papel que no me habíais repartido!. Y así se juega con desventaja, se hace trampa.
  Rabia, profunda decepción…¡me faltan palabras para describir lo que siento!. ¿Y vosotros?, ¿os habéis parado a pensar lo que habrían sentido esas mentes maravillosas?. Kafka, Brecht, me habrían comprendido. ¡Habéis urdido el teatro del absurdo, y con ello apagado vuestra luz!, ¡simplemente por vuestra incapacidad para introduciros en mi corazón! (demasiado simple para vosotros).
  Pero tened en cuenta que esta situación no socava un ápice mi propia estima. Siento gran orgullo por saber trazar líneas, por saber desechar porquerías y pequeñeces, por saber distinguir lo real y lo imaginario, lo sucio y lo limpio.
Y , lo mejor de todo, amigos, es que sigo pensando que en el mundo hay personas sinceras y valientes, con las que se puede contar “a corazón abierto”.
  Si por casualidad encontráis dureza en mis palabras, pensad que más dura es la pared con la que me he estado chocando. 
Insisto en agradeceros vuestra buena intención, pero, ¡conmigo no vale!, y siempre andaré a la búsqueda de aquellos que desprecien estos “medios”, que en modo alguno justifican el fin.
¡Hasta siempre! , ¡y que os vaya bonito!
Vuestra
AMIGA

Checha, 11 de julio de 2013