jueves, 25 de abril de 2013

SABIAS TORTUGAS


SABIAS TORTUGAS


“Vísteme despacio, que tengo prisa”
“No por mucho madrugar amanece más temprano”
   Éstos y otros muchos refranes hacen alusión  a la conveniencia de tomarse el tiempo necesario para llevar a cabo cualquier tarea, realizarla con pulcritud, prudencia y sabiduría, porque, “las prisas nunca fueron buenas”, advierte la voz popular.
Asimismo, es la “experiencia la madre de la ciencia”, la acumulación de vivencias asimiladas, que apelan a la memoria individual y ancestral como elemento indispensable para comprender, madurar, actuar y decir sin arrebatos, con la con-ciencia de no haberse dejado llevar por el fatal torbellino de la furia o desenfreno.
  De ahí que sea la longeva tortuga, con su gran caparazón, capaz de envolverla para reflexionar, símbolo de virtudes como la paciencia, el sosiego, la prudencia y, en definitiva, del saber, saber vivir, para vivir más y mejor.
   Enfrentados a ella, aparecen en las diversas leyendas, los presuntuosos listillos, demasiado confiados en sus fuerzas y poder, que, infravalorando la posibilidad de ser vencidos, pierden batallas que, de antemano creían ganadas.

 La tortuga como símbolo
 De la India a la China la tortuga desempeña un papel simbólico importante al ser una imagen del universo, por su caparazón, redondo por encima (Cielo) y plano por debajo (Tierra). Entre las dos conchas, la tortuga es mediadora entre el cielo y la tierra, símbolo del hombre universal y del emperador.

Sabia, porque se la supone vieja y portadora de caracteres sobre su caparazón, la tortuga es la enviada del cielo.

Sus cuatro patas desempeñan el papel de pilares, siendo los estabilizadores de las islas y el Cosmos.

La retracción de la tortuga en su caparazón es el símbolo de una actitud espiritual fundamental: la concentración, el retorno al estado primordial. En el África negra la tortuga es símbolo de la sabiduría, la destreza y el poderío. Para ciertos pueblos de la zona también tiene un poder adivinatorio.

Entre los griegos la tortuga está asociada a Hermes (Mercurio), que utiliza su caparazón ara hacer con él una cítara y encantar al propio Apolo. Ella ha de procurar a Hermes indefinidas riquezas. La transformación de la tortuga en cítara llevaría a Dom Pernety (célebre hermetista del siglo XVIII) a relacionarla con la alquimia.

La interpretación china es que la tortuga es el punto de partida de la evolución, el comienzo de una espiritualización de la materia.

Animal curioso sin duda, la tortuga.

La liebre y la tortuga

[Fábula. Texto completo.]
Esopo
En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.
-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy divertida, aceptó.
Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.
Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!
Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.
Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.
Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.
Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.

Aquiles y la tortuga
La paradoja de Aquiles corriendo tras la tortuga es una de las más clásicas y famosas paradojas de Zenón. Este griego filósofo pretendía demostrar que todo lo que percibimos en el mundo es ilusorio, y que cosas como el movimiento eran simplemente ilusiones y no realidades. Lo cual no deja de ser un punto de vista original, incluso para un griego filósofo. Para demostrarlo ideó una serie de paradojas que “mostraban” que el movimiento no existía, que todas las distancias son infinitas, que no existe el tiempo… La paradoja de Aquiles y la tortuga consiste en una imaginaria carrera. Uno de los contrincantes (Aquiles) era el más hábil de los guerreros aqueos, y vencedor de mil batallas. Era un superhombre casi invencible, y apodado “el de los pies ligeros”. El otro contrincante (la tortuga) es un ser por todos conocido, de proverbial lentitud y bien cachazudo. Dado que Aquiles es mucho más rápido que la tortuga (supuestamente) antes de empezar decide darle un estadio de ventaja, y tras dárselo, se da el pistoletazo de salida (o se suena un cuerno, ya que en esos tiempos no existían las pistolas, afortunadamente para muchos).
Rápidamente Aquiles atraviesa ese estadio de ventaja hasta llegar al punto en el que estaba la tortuga. Ésta, de un insospechado espíritu competitivo, se había desplazado unos cuantos pasos hacia adelante. Así que Aquiles, atónito (no era muy listo) pero confiado en su enorme poderío físico, decide cruzar ese puñado de pasos, hasta llegar de nuevo a donde estaba la tortuga. De nuevo ella ¡se ha vuelto a mover! Se ve que el quelónido no tiene buen perder y Aquiles de nuevo, con renovados bríos, recorre velozmente esos centímetros que le separan del punto donde estaba la tortuga, la cual de nuevo… ¿se lo imaginan? ¡Efectivamente! La encontramos un poquito más adelante…
Y argumentaba Zenón con mucha razón que así podíamos seguir hasta el infinito, y que Aquiles jamás alcanzará a la tortuga. Y por tanto cuando vemos a un Aquiles alcanzando a una tortuga (¿quién no ve todos los días uno o dos?) es simplemente una ilusión. ¿En dónde se equivoca Zenón? En realidad no podemos decir que se equivoque, pero lo que está claro es que su argumento no demuestra nada: una suma de infinitos términos puede dar un resultado finito. Pero esto no se puso sobre el papel hasta que Leibniz, que era un tipo realmente listo, inventó el cálculo infinitesimal.
Así que si Aquiles recorre 1 estadio en un minuto y la tortuga 1/10 de estadio en el mismo tiempo, Aquiles recorrerá 1+ (¡caramba, se ha movido!) 1/10 + (¡otra vez!¡le ha dado tiempo a moverse!) 1/100+  1/1000 …etc: 1+1/10+1/100+1/1000+...= ¿cuánto? Desde luego esta suma no da una distancia infinita que requiere infinito tiempo recorrer, sino una distancia concreta: 1,111111111… estadios. Y eso Aquiles se lo hace con la gorra en un minuto y pico (1,111…), la tortuga no tiene nada que hacer.
https://www.youtube.com/watch?v=Rc9RnwPXoJ0

No obstante este último razonamiento, lo que sí sabemos es que el movimiento es relativo, y todos y cada uno de nuestros pasos, debería tener en cuenta los pequeños o grandes pasos de nuestros relativos, nuestros semejantes, antes de juzgar la grandeza o pequeñez, la prudencia o imprudencia de los propios.

Checha, 24 de abril de 2013