miércoles, 13 de marzo de 2013

SARAH CHANG Y SU VIOLÍN


SARAH CHANG, SU VIOLÍN Y LAS CUATRO ESTACIONES



Regalo musical de Milamami:

A Sarah Chang la vi en el Auditorio de Murcia, 
primera fila,
para no parpadear,
zambullirme en su quehacer maestroso,
verla mecerse sobre sus pies,
abrazada a su violín,
como la madre que amamanta a su hijo,
para darle vida,
y del que brota la fuerza de la tormenta,
la alegría del calor y la luz,
la melancolía de las hojas caídas
la esperanza de la naturaleza renaciente.
La vi sencilla,
compartiendo,
interactuando con el chelo
en las melodías de dos,
se comprometían uno con otro,
bebían de sus fuentes,
se acompasaban,
se armonizaban,
como dos amantes,
que se buscan,
y se ofrecen.
Bendito Vivaldi,
con el que trascendía,
con mis hijos en mis entrañas,
y después también amamanté 
al son de sus acordes.







Sarah Chang: Spring Violin Concerto (Antonio Vivaldi)


http://www.youtube.com/watch?v=EkWxbharIoA


Sarah Chang: Summer Violin Concerto (Antonio Vivaldi)







Sarah Chang: Autumn Violin Concerto (Antonio Vivaldi)


Sarah Chang: Winter Violin Concerto (Antonio Vivaldi)




Gracias, Milamami, por ofrecernos este bonito alegato a la primavera.
Coincidiendo esta vez con el tópico, la primavera  a mí también me revive y da energía vital. Es el sol, la luz, tan necesarios en mi vida, los que producen ese sentimiento de unión, si no con un chelo o violín (por desgracia, mis escarceos musicales oficiales no duraron más de cuatro años, aunque siempre zamarreé la guitarra, y la pobre no se quejaba; se trataba en este caso de una unión dispar, pues ella no debe haberse sentido demasiado bien conmigo), sí con la naturaleza, en plena florescencia, que llena mi existencia de color.
Esta última foto es de la luz y de la noche.


En todo caso, recuerdo aquellos momentos íntimos, de mi guitarra o mi piano y yo, y eran para mí escondites de refugio, mis pequeñas “quintas”, que siempre he necesitado. La suerte es que el único quejido que escuchaba, eran los sonidos disonantes que muchas veces extraía de ellos, y obviamente, siempre atribuía a mi mal hacer. Jamás pensé que un día me enviarían a criar malvas, agotada su paciencia.
Aprovecho para recomendaros un regalo maravilloso de un ángel anónimo, lector de este blog (que no es ANGELOTE  SIN ALAS,… ¿qué será de él?. Si está buscándolas, quizás en estas piezas encuentre alguna).
Se trata del Concierto nº 20 de Mozart, en especial, el segundo movimiento. Ciertamente, y según me advirtió mi buen consejero,es un Mozart diferente, de transición, como nosotros. Lo encontraréis en un enlace de MÚSICA CLÁSICA del blog.
Espero que disfrutéis de estos regalos, porque todo, absolutamente todo lo que se comparte (incluso la soledad buscada, acompañada de reflexiones y pensamientos) , se engrandece y produce mayor satisfacción.
¿Os gustan las margaritas amarillas?. Ahora están creciendo en mi jardín.
Checha, 13 de marzo de 2013