viernes, 22 de marzo de 2013

INÉS, ¿ME ENGAÑAS?


INÉS, ¿ME ENGAÑAS?

   Con paso tardo, cansino, llega Inés hasta el sofá, desplomándose, al tiempo que reclina la cabeza hacia atrás y cierra lentamente los ojos.
   Viene del médico. Ojos secos, ha diagnosticado. ¿Será que se me han secado las lágrimas?. Quizás se hayan incrustado en la piel, haciéndola más gruesa, como la de una ballena, inhibiendo cualquier sensación de frío, también de calor.
   El esposo, que la esposa, reposa en la otra esquina. Parece embebido en sus lecturas, no hay peligro de incómodos interrogatorios.
Sorpresivamente, sin mirarla, lanza la inesperada pregunta: “Inés, ¿me engañas?”.
¿Cómo?-piensa Inés- ¿celos a estas alturas?. Será la real moda. Mantiene los ojos cerrados, dispuesta a desoir necias palabras, infieles palabras desconocedoras de “otra infidelidad”.
Vuelven a sonar en sus oídos, esta vez más insistentes. Al comenzar a hablar, casi se escapa una lágrima. Quizás la única que quede en sus escamados ojos.
-¿Qué decirte yo que tú no sepas?- responde en un susurro. Es el río, el río que me lleva.
-¿De qué río, de qué patrañas hablas?. Dime ya quién es, el que me roba a mi hembra.
- Jamás traicionarte quise, engañarte no quisiera, más la fuerza que me impele, por sus senderos me aleja.
- ¿Fuerza?, ¿de fuerza me hablas?. Mil puñales clavaré, mil lanzas a diana plena, traspasarán la solapa, que ahora luce mi alhaja, la joya que yo compré. Mi dignidad mancillada, juro recuperaré.
-No sufra tu corazón por enredos y decires,  ¿Cuál es mi gran tropelía, que tu hombría mancharía?. No han de ver ajenos ojos, ni tus ojos, ¡más que ciegos!, carne con la que luchar. Ni hombre, molino o pollino, tus ojos distinguirían, jamás podrían ver, lo que no es más que poesía.

-Poesía, poesía, ¡vaya con tus altos vuelos!, que entendimiento cuerdo no siente, ve, ni palpa, ¡no son más que entelequias!.
-Te quemas, amigo, ¡ardes!, pues lo que está en tus sentidos, aquí está y ….¿estará?, pero ese, mi amor secreto, no lo conocerás.
- ¿Hablas de astas y engaños?. ¡Cabrito no nací yo!.
-¿Estas acaso seguro, de hablar en mi misma lengua?. Es un río, amor de río, un caudal que me desborda, aquel que me enamoró. Ya está muy lejos, ¡no temas!, la corriente lo llevó. Inés amó al mismo amor, justo allí donde nació.

El río que nos lleva es una novela de José Luis Sampedro, editada en 1961.1 En ella, el escritor rinde homenaje a los gancherosdel río Tajo en su labor de transportar la maderada2 río abajo, desde la Serranía Ibérica, en Guadalajara, hacia los barrancos, hitas y parameras de La Alcarria, desembocando finalmente en la vega de Aranjuez, ya en la provincia de Madrid.3

[editar]Claves del argumento y recorrido geográfico
La acción -situada en los años cuarenta- se inicia cerca del pueblo de Zaorejas.4 En los caminos que llevan a él se van a encontrar los tres protagonistas de la novela:5
Roy Shannon, irlandés de 32 años, excombatiente de la Segunda Guerra Mundial. Vagabundo circunstancial en España huyendo de asesinos de uniforme orgullosos de sus bombas.6
Paula, una mujer envuelta en sombra;7 la hembra que focalizará todo el relato.
Y el Americano, capataz de los gancheros, en un tiempo emigrante en el Nuevo Mundo; eje del triángulo emocional que centra la trama.

Gancheros preparados para encauzar las piezas (archivo documental de J.Larrañaga).
Presentados los protagonistas, Sampedro organiza la novela a partir de tres exagramas del Libro de las Mutaciones:
KAN es la montaña, la simiente, la puerta que se abre, el ave de negro pico, el árbol recio y nudoso. Es el Noroeste, es el Invierno.
TCHAN es el dragón, el violento, el camino real, el amarillo, el fuerte y el lujurioso, el bambú joven, el tambor. Es el Noroeste, trae la Primavera.
LI es el relámpago, el fuego, el sol ardiente, la lanza, la sequedad, el galope, el puñal, al alacrán. Es el Este, hacia el Verano.
Siguiendo el accidentado cauce del Tajo, El río que nos lleva, con un ritmo narrativo digno del mejor Jack London, nos va llevando por los parajes de Alpetea, Huertahernando, Huertapelayo, Valtablado del Río y Ocentejo, en su curso alto. Entra luego en paisajes alcarreñosacercándonos a Carrascosa, Trillo, Viana, Entrepeñas, Anguix y Zorita de los Canes. Y fluye hacia su desenlace final por los sotos deMazuecos, Fuentidueña y Buenamesón, hasta el Real Sitio de Aranjuez, con un final trágico que estremecería a Eurípides y a Tarantino.

 Checha, 21 de marzo de 2013