martes, 28 de febrero de 2012

TRADUCCIONES


TRADUCTORES  LOCOS Y TRADUCCIONES ENLOQUECIDAS
Todos conocemos el dicho “traduttore traditore” (traductor traidor), que realmente bien poca justicia hace al maravilloso e ingente trabajo que supone la traducción. Si el término traidor alude a que es imposible realizar una traducción literal de un texto, no hay nada que objetar; pero precisamente sería la traducción literal la que violaría radicalmente el texto original, pues las lenguas son manifestaciones de diversas culturas, de pensamientos y tradiciones, cuyo trasfondo ha de tener en cuenta el traductor, para reinterpretarlas, hacerlas accesibles a otra cultura, e incluso a otra época. Imaginemos a alguien que pretendiese traducir El Quijote al inglés, utilizando terminología actual. Resultaría poco menos que irrisorio.
  El traductor, aquel personaje escondido tras la obra, de quien nadie o muy pocos se ocupan, es creador: re-crea la obra, la adapta, intentando ser fiel al punto de partida y al de llegada.
   De igual modo que sentirse sano es no percibir que se tienen riñones, hígado, vesícula o corazón, leer una obra bien traducida es no percibir jamás a ese personaje mágico que la ha trasladado a nuestro idioma.
  Recuerdo el momento en el que maldíje al traductor de la obra de Steinbeck, “Las uvas de la ira”, que estúvo haciéndose presente de principio a fin, que me incitó desde el primer momento a abandonar la lectura, de lo cual me hubiera arrepentido  terriblemente.
   Pero ¿qué me decís de esas maquinitas o programas denominados traductores, esas de las que muchos se sirven para salir del paso, y en la mayoría de los casos, para meter la pata hasta el fondo?. Probablemente puedan servir para expresar un breve deseo ”en indio”, por supuesto, ayudándose del dedo índice para señalar y habiéndo tenido la suerte de acertar con el sinónimo adecuado. ¿Llegará algún día una máquina a ser capaz de traducir teniendo en cuenta contexto, época, cultura, connotaciones, ironía, ...?,¡no creo poder vivir para verlo, y dudo de que alguien lo sea! .
    He de deciros que pocas veces me he reído con tantas ganas como cuando mi hija y yo intentamos descifrar el funcionamiento de una máquinita de coser comprada en un chino. La traducción, probablemente realizada por un malpagado e inexperto traductor, como suele ocurrir con la mayoría de manuales de instrucciones, “meter aguja A  en agujero del botón inferior del paso del carro de la máquina antes de que el ovillo B haya accionado el pulsor del dispositivo....”,  en realidad tenía una buena intención: ¡imbécil, o aprendes idiomas o te dedicas un buen rato a inspeccionar botones hasta que dés con la tecla´”.
  En esta ocasión ha vuelto a ser mi hija la causante de que abra esta nueva sección del blog.
  Con el buen propósito de no molestarme demasiado con sus preguntas, se sentó a mi lado para proceder a leer el librito de alemán del que se tenía que examinar. Puesto que era su primera lectura, y contenía demasiados términos desconocidos, decidió hacer lo que nunca se debe hacer al leer en un idioma extranjero, a no ser que uno esté dispuesto a aburrirse soberanamente y a exponerse a no volver a leer otro libro de idiomas, ¡decidió traducirlo!.
  Nos reímos tanto con los resultados de aquella hermosa traducción, que no me resisto a haceros partícipes de ellos.
Así pues, dedicaré la próxima entrada a transcribir algunos de sus resultados.
   Checha, 27 de febrero de 2012