lunes, 26 de diciembre de 2011

REGÁLAME TU TIEMPO


REGÁLAME TU TIEMPO
Le parecía estar encerrada en una caverna rodeada de riquezas incontables que se hacían cada vez mayores y amenazaban asfixiarla. Y no había salida. Nadie podía llegar hasta ella y ella no se podía hacer notar a nadie, tan aplastada estaba bajo una montaña de tiempo.
Incluso llegaron horas en que deseaba no haber oído nunca la música ni haber visto los colores. No obstante, si le hubiesen dado a elegir, no habría renunciado a ese recuerdo por nada del mundo. Aunque se hubiera muerto por ello. Pues eso era lo que vivía ahora: que hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas.
"
                                                                                                Momo, Michael Ende
Época de regalos, de demostrar que amamos o de salvar compromisos adquiridos. Época de prisas, de búsqueda desenfrenada de “cosas”, de ultimar compras con el tiempo contado. Al que me regala cien, cien, al de cincuenta, cincuenta, gastaré mucho para el que mucho quiero, poco para el que poco me importa. Todo está acordado. Bajo la apariencia de sorpresa existe un tácito pacto de dar-recibiendo, de comprar-vendiendo. En un acto de supuesta entrega generosa, de dación sin recepción, nos vemos presionados, obligados al regalo.
   Y si realmente fuésemos conscientes de nuestras preferencias,muchos optaríamos por algo bien diferente. ¿Qué regalo deseo?. Regálate, regálame tu tiempo. El tiempo en que te aceleras buscando mi regalo, dedícalo a conversar tranquilamente conmigo, regálame el manjar de tu presencia presente e ilimitada, no me dediques tus sobras.
   Los hombres grises nos roban el tiempo, nos quieren hacer creer que hemos de acumular horas y minutos en grandes cajas fuertes bien cerradas, para no perderlos. Nos han hecho coleccionistas de un tiempo cosificado, que ansiamos ganar, nunca perder escuchando a los demás, compartiendo las aburridas historias de sus cotidianas vidas.
    La gran virtud de Momo era saber escuchar, acto aparentemente sencillo, para el que la mayoría nos revelamos ineptos. Escuchar es trasladarse al otro, comprenderlo desde él mismo; demasiaso incompatible con nuestra ansiedad por llegar a ningún sitio. Momo era capaz de perder, de regalar su tiempo sin límites, a cambio de sentir dentro de sí el lento latir de la vida compartida con los otros.
   ¡Habla deprisa!, ¡ríe deprisa!, ¡llora deprisa!, nos inculcan los hombres grises; porque siempre hay ineludibles asuntos que atender, que no pueden esperar.
Pero Momo no conocía la prisa. Tan real como para nosotros era para ella el “carpe diem”, la experiencia de la brevedad de la vida, del repentino sobrevenir de la muerte,y  sin embargo Momo no tenía miedo..
Si los hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida.
-         No hace falta más que decírselo -propuso Momo.
-         ¿Tú crees? -preguntó el maestro Hora-. Yo se lo digo con cada hora que les adjudico. Pero creo que no quieren escucharlo. Prefieren creer a aquellos que les dan miedo. Eso también es un enigma.
-         Yo no tengo miedo -dijo Momo. (…)”
                                                                                                                 Momo, Michael  Ende
Lo único que no requiere prisa es la muerte. Pero los hombres grises saben que la prisa, ya nos ha matado, nos ha hecho vivir muriendo.
  Nuestra pequeña Momo nos invita a parar, a disfrutar de unos minutos no atesorables, que quizás mañana se hayan desvanecido.
Aunque suene paradógico, Momo soluciona el problema del tiempo “gastándolo”. El tiempo, la realidad más contable, se vuelve infinito. Los minutos que valen son aquellos que han “dado” el gran salto cualitativo, que han pasado a ser minutos disfrutados, incontables, eternos.

                                      Checha, 26 de diciembre de 2011